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Caminar sobre vasos de vidrio

Mayra Bonard, coreógrafa, bailarina y una de las fundadoras del grupo El descueve, reflexiona aquí sobre su última obra, MI FIESTA, en la que elabora una experiencia escénica con resonancia política sobre el cuerpo femenino.

Imagen Mayra Bonard

Robert Bonomo

 

 

En MI FIESTA, yo camino sobre vasos de vidrio. Ese fue el germen de la obra. Una caminata inestable, ilusoria, frágil, casi transparente, un tránsito: ¿hacia dónde?

Siempre es difícil comentar tu propia obra, es algo que prefiero dejar a los otros; pero puedo ponerme a pensar en cómo se inició este proceso, qué pautas tenía antes de empezar. La fe es una de ellas, querer alcanzar algo inesperado, mantener el fuego encendido para poder darle forma a las ideas.

Llevé a la sala de ensayo muchos vasos de vidrio, una soga, un rollo de papel film, un par de cuchillos, algunas frutas, una silla, una copa. Eran materiales comunes de mi casa y de todas las casas, cotidianos. Lo que sabía era que iba subvertir ese uso, los iba a tratar y usar de otro modo, entrarles por otro lado y que ellos entraran a jugar ese juego como protagonistas. Me interesa la duración de las cosas, el cuidado de los objetos como conexión posible (aunque absurda) de todas las cosas de este mundo. Había algo en la supervivencia de esos objetos, frágiles y resistentes a la vez, que de algún modo yo iba a vincular con mi propia supervivencia.

Fui varios meses sola a la sala de ensayo, me forzaba a algo si se quiere un poco brutal e incluso aburrido, pero claramente era algo por lo que tenía que pasar. Para dejarme dirigir, necesitaba primero escarbar las particularidades de mi cuerpo hoy, esa especie de felicidad clandestina de estar sola rodeada de objetos en mi propio bunker-la sala de ensayo. Hacía mucho tiempo que no estaba expuesta como intérprete o performer. Por otro lado quería practicar el manejo de esos objetos que había elegido; eran objetos elegidos de una manera práctica o atávica incluso; me llevaban a un lugar desconocido e intrigante. Pensaba en hacer brujería con ellos. Algo así.

Intuía que el trabajo contendría dosis de violencia y de belleza; me mueven esos términos y esas capacidades; siempre descubro la belleza en la roña, en lo sutilmente perverso, y un deseo compulsivo de ser, de hacer, de aparecer, de alumbrar. Algo de mi propia vida iba a ser una cuestión del arte y algo del arte pasaría a ser mi propia cuestión de vida. Así me sucede en general.

El arte es intensidad. Me interesa mover la energía. Siempre voy a intentar provocarme a mí misma al menos, llevarme al límite. Es algo vinculado a la energía. A la transformación.

Convoqué primero a Pedro Mairal; me inspiraba trabajar con un nuevo artista proveniente de la literatura y me fascina su escritura. En el proceso y por un corto tiempo, de alguna manera jugué a dos puntas. Pedro y Carlos Casella no se conocían; yo les mostré el material a cada uno, pero por separado. Quería cotejar un poco sus miradas, pero de a uno. Sabía que una vez que empezáramos a trabajar los tres, se moldearía la masa entre todos y perdería el self-control, y por eso justamente los convoqué.

Cuando llamé a Carlos, le dije que si bien el conjunto de objetos daban algo bello y estético, yo no quería una domesticación estética de los objetos del hogar; no quería decorar, necesitaba encontrarle el lado b, la aridez, lo picante, lo excitante.

Con Carlos hemos trabajado por años en El Descueve. Lo convoqué como director, lo admiro, lo quiero, y le agradezco haberme dirigido. Fue él quien me propuso contar esos relatos. Para Carlos, eran básica y sexualmente atractivos. Pero también estaban en un borde peligroso entre la curiosidad, la calentura, la ingenuidad y la brutalidad que contenían. Todo eso estaba contenido en esas historias y eso a él le interesaba. Podían ser escuchados de muchas maneras.

Y de repente mis relatos tenían una resonancia colectiva y diversa. La verdad es que fueron un gran hallazgo; estoy bastante en contra de todo lo que sea exclusivo, es un término que no me parece muy positivo.

En la obra cuento cosas que son de una intimidad profunda. Algunas de ellas nunca las había contado, las tenía un poco veladas. Sin embargo, a Pedro le conté todo; era un ejercicio sobre la verdad, una especie de trance que no me dejaba omitir nada. Una vez escritas, las cosas ya no serían nocivas para mí. (De hecho, nunca las había pensado en ese sentido hasta que empecé a pensarlas desde la conciencia que las mujeres tenemos hoy.) Pero dejaron de serlo. ¡Pasaron a ser literatura de mi propia obra! El presente se morfó al pasado, pero el pasado alimentó mi presente.

En la obra misma está la enfermedad y el remedio. No me victimizo, me empodero, camino al filo, hago arte con ello, y busco algo insondable; creo que ahí hay una idea constitutiva del arte. Lo insondable.

En mis procesos es muy gratificante ver que finalmente todo confluye. La obra misma como entidad, como organizador de sentidos. Todo lo que habíamos hablado con Carlos, con Pedro, todo lo que me preocupaba estaba ahí. El hablar desde el ser mujer, pero desde un lugar propio y sin que fuera lineal. Aunque sé que finalmente es político, todo lo es. Pero creo que el lugar al que llegamos nos trasciende a nosotros mismos. La misma obra nos dijo por dónde ir. Fuimos austeros y pacientes hasta que la cuerda vibrara de verdad. Y trabajamos con perseverancia, con pocos elementos.

El trabajo es polifónico. El cuerpo hace una cosa, las palabras dicen otra, el sonido a veces colabora, a veces no. Y a su vez jugamos con pocos elementos. Me interesa lo minimal, lo que por latido condensa.

Hay una cuestión de foco y de presente en la obra, como si todo el tiempo estuviera por lanzar una flecha; es un trance que empieza en mí y creo que se traslada al público. No hago fuerza, no pido permiso, no explico nada.

El auge o éxtasis es cuando me cosifico. Soy un objeto, mi propio objeto (no voy a detallar para que no pierda misterio). Pero hay un momento donde me libero de mi propia cara, de mi propio sexo y paso al otro lado; no sé dónde exactamente, pero es un otro lado. Soy un invento, soy todo, soy una cosa, no tengo sexo, tengo muchos.

 

 

MI FIESTA se presenta hasta el 2 de septiembre, de viernes a domingo, en El Cultural San Martín.

Creacion / Dirección artística / Puesta en escena: Mayra Bonard y Carlos Casella.

Idea / Performer: Mayra Bonard.

Dirección: Carlos Casella.

Textos: Pedro Mairal sobre relatos de Mayra Bonard

 

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