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Postales fenomenológicas de París

Jorge Roggero, especialista en fenomenología y hermenéutica, aborda en este ensayo algunas de las ideas de la nueva fenomenología francesa y ciertos rasgos de sus autores.

hockney

David Hockney, Place Furstenberg, 1985

 

 

I

Dominique Pradelle me esperaba sentado a mitad del salón de L’écritoire. Se parecía a la foto, sí, pero sin el aura. La reunión fue breve. Hablamos un rato de Husserl y de Heidegger, entre el francés y el alemán. Me dio algunas indicaciones técnicas para la escritura de la tesis y, finalmente, discutimos la posible composición del jurado. Fue el único momento en el que se refirió a Jean-Luc Marion. “Yo lo conozco bien, le puedo preguntar”. A mí me daba cierta incomodidad que el objeto de mi investigación evaluara mi tesis, pero, por otro lado, ¿quién mejor que él?

Cuando se levantó me sorprendió su informalidad. El flamante profesor titular de la Sorbona se puso la mochila al hombro y me invitó a acompañarlo enfrente, a la librería Vrin. Se movía con rapidez entre los libros. Luego de señalarme una traducción de textos inéditos de Jan Patočka en la sección de fenomenología, desapareció hacia el fondo. No había terminado de hojear el volumen del checo y Dominique ya estaba de vuelta con un libro en sus manos. “Usted tiene que leerlo”. Era una compilación con las intervenciones de una jornada de estudio sobre la obra de Hans-Dieter Gondek y László Tengelyi, Nueva fenomenología en Francia, que había tenido lugar en 2012.

Algo estaba pasando en Francia. ¿Se había dado la “inversión” de la fenomenología? ¿Asistía efectivamente al acontecimiento de la “tercera figura de la fenomenología”?

 

II

Jean-Louis Chrétien se tomaba su tiempo para elegir las palabras adecuadas. “¿Puede entenderse ‘la mirada del amor’ como una hermenéutica?”, le pregunté. “Yo no hablaría de hermenéutica. Es una palabra desgastada, imprecisa”, respondió. Después hizo una pausa prolongada, para luego continuar criticando el uso del término. Decidí entonces abordar otro tópico. Le pregunté por el tipo de fenomenicidad de la “llamada” y la “escucha” de la obra de arte. Antes de responderme, me dio su opinión sobre el máximo representante de la hermenéutica en Francia. “Paul Ricœur era un gran profesor, un erudito, no había tema o materia que no dominara. Era un placer leerlo y era un placer escucharlo. Pero, finalmente ¿cuál es su filosofía? ¿Cuáles son las ideas de Ricœur? ¿En dónde se encuentra su aporte original?”

 

III

Llovía bastante, pero la explanada del Pompidou estaba repleta de gente. Algunos tenían paraguas. Al resto parecía no molestarle el clima. Supuse que eran turistas que querían aprovechar el día gratis del museo, pero todos hablaban francés. Recorrí la fila hasta el final, con la capucha puesta, y me resigné a esperar. Tenía un libro en el bolsillo, la voluminosa edición de En el corazón de la razón, la fenomenología. Pesaba bastante. No pude sacarlo en la hora y media que estuve en la cola. Finalmente entré y comprendí el motivo de semejante aglomeración. Todos estábamos allí por lo mismo. Era el último día de David Hockney.

 

IV

El enfant terrible de la “nueva fenomenología”, el joven prodigio que antes de los cuarenta años ya había ganado todas las distinciones que ofrece la academia filosófica francesa estaba delante de mí. Sin dejar de mirar su notebook, Jocelyn Benoist me invitó a sentarme y me contó que conocía al profesor Roberto Walton y a la profesora Graciela Ralón. “Compartimos unas jornadas en España hace unos años. Envíeles mis saludos”. A continuación pasó a responder mi pregunta respecto de su lectura de la “llamada” en el cuadro de Caravaggio. Escondido detrás de la pantalla elogió la pintura, y argumentó respecto de la necesidad de distinguir entre lo que se ve y lo que se escucha. La palabra no es fenómeno, sino la regla para el fenómeno; la palabra no se ve. Luego cerró su computadora. Fue el único momento en el que me miró a los ojos y apareció su rostro. “Yo soy lévinasiano, no todo es fenómeno”, sentenció.

 

V

“Yo también doy clases de Metafísica y me dedico a la fenomenología. Somos colegas”, dijo amablemente Claude Romano. Le comenté que estaba muy interesado en su trabajo, que había leído buena parte de sus obras. Discutimos brevemente sobre el problema de la relación entre la hermenéutica y la fenomenología. Era ciertamente un tema apropiado para debatir en el coffee break de unas jornadas organizadas por el Fonds Ricœur. Luego nos interrumpió una doctoranda japonesa que se dedicaba a Bernanos. Antes de despedirnos, le pedí si podíamos reunirnos en la semana. Me dio su tarjeta para que lo llamara y me recomendó leer su curso Del color. “Allí está la clave de todo”.

 

VI

La metafísica demuestra; la fenomenología simplemente muestra o, mejor aun, deja que el fenómeno se muestre, deja que acontezca a partir de sí mismo. Así comienza Siendo dado. Por eso el verdadero rey no es el filósofo, sino el artista; porque solo este último puede realizar la tarea hermenéutica de mostración que el fenomenólogo se limita a indicar. Pensaba en estas ideas de Marion mientras esperaba para entrar al Museo de la caza y la naturaleza.

 

 

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