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Pentimentos. Poemas sobre pintores y pinturas

El poeta Juan Fernando García nos presenta una cuidada selección de poemas sobre pintores y pinturas, escritos por Severo Sarduy, Juana Bignozzi, Joaquín Giannuzzi, Arturo Carrera, Amelia Biagioni, Circe Maia y Alicia Genovese.

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Severo Sarduy

Rothko
(A Andrés Sánchez Robayna)

 

No los colores, ni la forma pura.

Memoria de la tinta. Sedimento

que decanta la luz de su pigmento,

más allá de la tela y su armadura.

 

Las líneas no, ni sombra ni textura,

ni la breve ilusión del movimiento;

nada más que el silencio: el sentimiento

de estar en su presencia. La Pintura

 

en franjas paralelas cuya bruma

cruza la tela intacta, aunque teñida

de cinabrio, de vino que se esfuma;

 

púrpura, bermellón, anaranjada…

El rojo de la sangre derramada

selló su exploración. También su vida.

 

En: Un testigo fugaz y disfrazado (1985)

 

 

*

 

Juana Bignozzi

Caballería roja

Malevich

 

I

No pinta el cielo sino

de la tierra el alma rosa

no pinta hombres sino caballos

y el sueño del corazón hacia su frontera

 

II

sobre cada utopía en retirada

el cielo se abre

para mostrarla a contraluz

 

En: quien hubiera sido pintada (2001)


 

* 

 

Joaquín Giannuzzi

El Cristo de Mantegna

 

El cuerpo verde pálido empieza en los pies

avanzando a proa. La ley del espacio

no dio otra opción

que empujar la cabeza hacia el fondo.

En esta yacencia clínica, la divinidad

es sometida a la autopsia

de la perspectiva. La superficie es terrosa

en el rostro de la aflicción, cercado

por cabellos de sombra y abajo

la sangre seca de los cuatro orificios

entregada a la gravitación.

Como prensada, la masa total

se aplasta al planeta

aplazando la gran promesa

por la belleza de lo pesado

y la torturada arcilla

de la madre inclinada, su lágrima campesina.

Este maniático del ojo realista

mantuvo a su padre difunto

sin sepultar por varios días. Quería

saber más de la muerte que el propio modelo,

demorar los límites del cadáver

y definir el cuerpo místico

por la verdad terrestre de la forma sensible.

Por el momento, la escena

pertenece a este mundo. En el sótano clandestino

se consuma el sacrilegio y afuera

el claro cielo italiano espera su presa.

 

En: Apuestas en lo oscuro (2000)

 

 

*

 

Arturo Carrera

 

(Recuerdo de Marcia Schvartz, diciembre del ’84)

 

El amiguito que persistiera variando,

él también, secretamente, involuntariamente,

leyéndote o mirándote,

 

el amiguito que ganaba de mí otra complicidad

con más destellos: que iba cediendo en grumos de color

su memoria en breves tumultos misteriosos,

entera,

a la inocente trivialidad de una nada

 

verso y reverso,

orfandad versus orfandad.

 

el amiguito gran amiguito que muere en tu parpadeo

en tus guiños, en la furia del pincel o

el que muele, como un clown augusto enorme

en su molino de chocolate el deseo, la repetición,

la gran forma, el grande conversar,

la impaciente paciencia de buscar

en la insegura noche los grillos del amiguito

y su pausa, su rijoso intervalo de universos: No

digo su forma,

su sonrisa;

 

bajo los infinitos niveles del mal,

la osadía formal de su sonrisa.

El amiguito que variara

jugando al ajedrez

y que a Debussy conociera alentado por un libro

donde los mapas escrutaran las exactas aporías

del juego…

 

Pero sigiloso, que él no guareciera

sino tensos escrúpulos caseros

de no persistir en otra música

sino como dolor en ella: un mensaje

más formal y más sutil

que las formas:

 

el amiguito que Marcia pintaba y aseguraba

en sus preciosos retratos; lejano como modelo,

posando para otra complicidad, furioso;

con la alegría que a ella

desorbitaba

volviéndola aun más hermosa,

más hechizada.

 

En: Animaciones suspendidas (1986)

 

 

*

 

Amelia Biagioni

“Los comedores de papas”

 

Arquetipos

cofias y gorros de intemperie y zapatos desenterrados

del acezante margen llegan hasta mi pintura.

Son los que cada día cumplen sin lágrima y sin ira

la fatiga la penuria lo ciego.

Son los sumisos

los servidores de profundis

los que nunca ordenaron eligieron soñaron.

 

El hueco humoso de su choza

sus bultos encorvados

brotando tristes fauces garras ojos carencias

sus yertos movimientos subterrenos

todo está hecho con la oscura polvorienta corteza

de las papas que cultivaron

y que esta noche comen en mi pecho contrito.

 

Pende un candil que apenas si atestigua

pero en la mesa

desde lo humeante hacia donde convergen las hambres

surge una leve misteriosa lumbre

que enhiesta humaniza recrea la carne exhausta

convierte el antro en la casa en el tiempo

resucita las almas

las consuela sutura comunica

las levanta a oyentes del Sermón de la montaña

a comensales para otra Cena de Leonardo.

 

Versión de 1996

En: Estaciones de Van Gogh (1984)

 

 

*

 

Circe Maia

Vermeer

 

VI

(La pesadora de perlas)

 

El objeto más delicado sostenido

también delicadísimamente:

la pequeña balanza de las perlas.

 

En el aire está inmóvil.

Equilibrio perfecto: la mano la sostiene

los ojos la sostienen

aire-luz la sostiene.

 

Mírala.

 

O mejor no la mires

no la miremos

ojo opaco podría acaso

¿no lo crees?

Desnivelarla.

 

En: Cambios, Permanencias (1978)

 

 

*

 

Alicia Genovese

Museo VII (Renoir)

 

a Diana Bellessi

 

los blancos de Renoir

aparecen

como resplandores manchados

 

colores

que definen o indefinen

otras partes del cuadro

vuelven soleada

la consistencia del blanco:

los amarillos y rojizos del fondo

en el vestido de la mujer que baila

el gato de la chica dormida

en su hombro azulado

el enrejado siena de la pérgola

en la camiseta del remero

 

por el tragaluz

el sol de las tres de la tarde

deforma los ópalos de las pantallas

las paredes se agrandan

los cuadros giran su gama cromática

el volado de mi blusa es la puntilla

de aquella mujer que da vueltas

la neutralidad del museo

invadida

como la del blanco

imposible ver sino restos

la luz

la causante

 

En: Anónima (1992)

 

 

Selección de poemas: Juan Fernando García

 

 

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