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Felix Salten. El bosque de Bambi, sionismo y pornografía en la Viena de los años veinte

Pablo Dreizik, autor de Lévinas y lo político (Prometeo, 2014), explora las relaciones entre sionismo y la novela Bambi de Felix Salten, autor de una obra pornográfica de culto en la Viena de entreguerras.

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Entre las mesas más interesantes de la notable historia de los cafés literarios se cuenta la muy animada y agitada del Café Griensteidl de Viena.[1] En las mesas del Café Griensteidl pasaban sus horas intercambiando y proyectando ideas una joven generación de artistas, escritores y periodistas que residían en la Viena de la década del veinte conocidos como “La joven Viena” (Jung-Wien), entre quienes se contaban Arthur Schnitzler, Felix Dormann, Peter Altenberg, Richard Beer-Hofmann, Felix Salten, Raoul Auernheimer, Hugo von Hofmannsthal, Stefan Zweig y Karl Kraus. Se sabe que el grupo se disolvió el 20 de enero de 1897, un día antes de que el Café Griensteidl fuese demolido. Inciertos, sin embargo, son los móviles que provocaron la disolución de tal inusitada reunión de brillantes figuras individuales.

 

Aun así hay acuerdo en que en la precipitación del fin de grupo fue crucial la confrontación violenta entre dos miembros del grupo: Karl Kraus y Felix Salten. Aunque los motivos aducidos para explicar el enfrentamiento fueron de diversa índole, lo cierto es que Karl Kraus había publicado dos trabajos sumamente críticos con Felix Salten, críticas que viniendo de la pluma de Kraus iban más allá de un elenco de objeciones argumentativas, constituyéndose en cambio en piezas de ataque irónicamente descalificadoras. Los dos trabajos que Kraus dirigió a Felix Saltan referían casi obsesivamente al problema judío, y lo hacían en términos particulares. La obsesión de Kraus era un libro de Salten que muy pronto iba a conocer un notable éxito: Bambi. Eine Lebensgeschichte aus dem Walde, más conocida como simplemente Bambi. En una de las críticas titulada “Liebres que hablan con acento idish”, Kraus criticaba que Salten en Bambi hiciese hablar el acento de los judíos austriacos –el “mauscheln” o “jüdeln”– a las liebres del bosque, sobre todo en momentos de peligro. Si bien el argumento de Kraus parecía descansar en una especie de auto-impuesta tarea de preservación de la ‘higiene del idioma alemán’, es más probable que su reacción haya sido motivada por su propia compleja relación consigo mismo, su rechazo en el otro de lo que él percibía como despreciable en sí mismo.

 

Este juego de odio e identificaciones en su rechazo violento al dialecto judío de las liebres de Salten cobra sentido si atendemos al hecho de que no solo Kraus era judío (aunque había renunciado al judaísmo bautizándose como católico en 1899), sino que al igual que Salten había nacido fuera del centro del Imperio (en Jičín, hoy República Checa). En fin, el episodio recoge de manera clara todos los elementos de una situación subjetiva –algún autor la indica como de ‘auto-odio’– marcada por una situación de violenta exclusión, que muchas veces se tramitaba o en el modo de una irrestricta identificación con la cultura dominante o proyectando al exterior lo que profundamente se rechazaba de sí mismo.[2] El embate de Kraus sobre Salten aunque malicioso y destinado a su descalificación iluminaba, aun sin proponérselo de ese modo, la relación entre la novela Bambi y la fragilidad de la subjetividad judía en el contexto de la Mitteleuropa de comienzos del siglo XX. Restaría, pues, girar hacia la figura de Feliz Salte menos conocida que aquella de Karl Kraus.

 

Nacido como Siegmund Salzmann en 1869 en Budapest, Felix Salten se mudó con sus padres a Viena cuando era bebé, donde creció en barrios pobres, con poca educación formal y empleándose como oficinista en compañías de seguro, mientras en sus pocos ratos libres escribía y leía vorazmente. El nombre de Salten comenzó a circular en el variopinto e insomne mundo de los cenáculos literarios vieneses con el obituario que escribió de Emile Zola en 1902. En ese momento es convocado por el grupo “La joven Viena” (Jung-Wien). En 1906 un escándalo sacude el ambiente literario vienes: la publicación de la novela Josephine Mutzenbacher – La historia de la vida de una prostituta vienesa (Josefine Mutzenbacher oder Die Geschichte einer Wienerischen Dirne von ihr selbst erzählt). La novela, publicada anónimamente, sigue las tribulaciones de una joven cuya ‘educación sentimental’ incluye las más diversas variantes de prácticas eróticas. Y, aunque los estudiosos de la época se debatían entre adjudicar la autoría de este “clásico de la pornografía” a Arthur Schnitzler o a Felix Salten, finalmente quedó determinado que el autor era el último. También en Josephine Mutzenbacher – La historia de la vida de una prostituta vienesa, Salten experimentaba con el lenguaje –aquello que le preocupaba tanto a Krause–, sobre todo reflejando el hablar de las clases marginadas y las minorías étnicas de Viena.

 

Mientras tanto, y en el marco de su participación en los círculos literarios, Salten se había convertido en un exitoso conferencista que llegaría incluso a concitar la atención de Franz Kafka y Rainer Maria Rilke. En este contexto de actividades de conferencista y crítico literario, Salten desarrolla una cada vez más comprometida labor de activismo cultural en el naciente sionismo –especialmente en la variante cultural del sionismo animada por Martin Buber–, siendo asiduo conferencista del prestigioso circulo sionista “Bar Kochba” de Praga. Y, aunque Salten no tuvo una educación formal judía, su interés por la condición vulnerable del colectivo judío en Europa no solo quedó expresado en su admiración permanente por Theodor Herzl –su amigo personal y de quien escribe su obituario en 1904–, ni en sus crónicas de 1924 de su viaje a Palestina –Gente nueva en un territorio ancestral (Neue Menschen auf alter Erde: Eine Palästinafahrt)– sino más impensadamente en… Bambi.[3]

 

Son varios los modos en que en su famosa novela “infantil” de 1924 Salten expresó su preocupación creciente por la inseguridad de la población judía en la Europa de entreguerras. Ya hemos mencionado que en Bambi las liebres utilizan giros idiomáticos propios de los hablantes judíos de Viena; agréguese a ello la atmósfera imperante en el bosque al estar este expuesto a cada instante a la posibilidad de un ‘pogromo’ de los cazadores. Las descripciones del asolamiento al bosque son intensamente vívidos en Bambi: las urracas comienzan a chillar desde los árboles; el ciervo puede sentir “ese olor terrible que llega a todos los corazones uniéndolos en un solo miedo loco, en un solo impulso febril de huir, de salvarse a sí mismo”. El bosque ruge con el sonido de los cazadores que avanzan por todos lados, partiendo ramitas, golpeando troncos para expulsar a los animales. Un faisán vuela por el aire y es asesinado frente a todos. “No pierdas la cabeza. ¡Simplemente corre, corre!”. Pánico colectivo, un pájaro enloquece de miedo, despega en el aire para ser inmediatamente derribado, “entonces todos perdieron los sentidos”, las criaturas se enjambran unas sobre otras para escapar, el cielo se oscurece por una lluvia de sangre y plumas. Bambi sigue detrás de su madre hasta el borde de la espesura. Deben correr por el claro y Bambi debe seguir corriendo independientemente de lo que él pueda ver que le suceda a su madre.

 

El desenlace de la escena es uno de los momentos clásicos de la cultura popular cinematográfica del siglo: la muerte de la madre de Bambi. A las vívidas descripciones del pogromo en el bosque Felix Salten añade cuestiones de índole moral, así como una puesta en escena narrativa de los dilemas entre asimilación, radicalización política o resolución sionista que afrontaban durante los inicios del siglo XX las comunidades judías europeas. Pertenece a este clima enrarecido que sobrevuela permanentemente el bosque un subrayado sobre el tipo de respuesta asumida por el universo de los animales-víctimas. En este sentido es ejemplar la escena del sabueso y el zorro. Perseguido por el sabueso, el sangrante y exhausto zorro cae y ruega. Pero, ante su inminente muerte le grita: “¿No estás avergonzado traidor?”. A partir de ese momento todos los animales del bosque al unísono lo increpan con un “¡traidor!”. Incluso las presas del zorro toman su defensa acusando al sabueso de haber incurrido en un tipo de auto-traición de mayor gravedad que la crueldad natural del zorro.

 

La apremiante cuestión de la asimilación de la población judía en Europa –una cuestión compleja que reconocía diferenciados matices que iban desde la integración a la sociedad civil a través de las profesiones liberales hasta la franca conversión religiosa– se encuentra presente en el texto de Felix Salten. Por ejemplo, Gobo, el ciervo primo de Bambi, pasa un tiempo en cautiverio y cuando regresa al bosque se jacta de lo bien que fue tratado. Bambi, entonces, se sorprende de cómo Gobo se ha convertido en “extraño y ciego”, y sobre todo de la banda que los humanos le han puesto alrededor del cuello que lo exceptuaba de ser atacado por los cazadores. La figura de Gobo –un ‘animal asimilado’– es objeto de la severa mirada del ciervo más importante, el “Príncipe Antiguo del Bosque”, quien considera a esa banda un signo de degradación. Pero, la esperanza ingenua de Gobo finalmente lo conducirá a la muerte, con lo cual Salten ofrece su clausura moral del relato correlativa a su crítica sionista al “asimilacionismo”. Otros momentos del relato continúan proyectando el esquema de un mundo circundante amenazador alrededor del bosque y la palabra alemana que usan los animales para referirse a la “persecución” en Bambi es verfolgen, una palabra con connotaciones sociales y políticas.

 

La suerte del libro de Salten, como se sabe, fue convertirse en un éxito de Disney. Pero antes, el libro ya había conocido una sorprendente popularidad. En 1929, David Whittaker –activo miembro del Partido Comunista estadounidense que durante el macartismo cambiaría de posición– tradujo Bambi al inglés convirtiéndose así en un éxito transatlántico. Luego del éxito literario, Sidney Franklin compra los derechos por mil dólares, pero encuentra imposible resolver en términos cinematográficos, con ‘naturaleza en vivo’ como lo pensaba hacer, el texto de Salten. De modo que Franklin vende sus derechos a Walt Disney. Sin embargo, la película Bambi de 1942 bajaba la intensidad de las figuras de la violencia y la persecución tan presentes en el libro. Los animales de Disney son más divertidos y afables que los de la novela de Salten. Por ejemplo, el valiente conejo Thumper es un invento del propio Disney, mientras que otros animales del bosque más complejos como Rono, Kaurus, Netla, o Gobo, ni siquiera aparecen en la película. Aun así, el film de Disney no dejó de participar de manera intensa del clima de época y a los espectadores norteamericanos de 1942 la paz edénica del bosque alterada por una incursión inesperada no podía no dejarles de recordar el reciente ataque de Pearl Harbor.

 

Dos años más tarde, después de la anexión de Austria por Alemania, Salten se trasladó a Zurich con su esposa –la actriz Ottilie Metzl–, y pasó allí sus últimos años hasta su muerte el 8 de octubre de 1945, a la edad de 76 años. Sus restos descansan en el cementerio judío de Zurich, el Der Israelitische Friedhof Unterer Friesenberg, donde también descansan los restos de otro destino judío desventurado del Imperio Austro-Húngaro: el tenor austro-rumano Joseph Schmidt. Cuando con el ascenso del nazismo Hitler prohibió los libros de Salten, ciertamente tenía en la mira sus artículos en el diario de Theodore Herzl “Die Welt” y su novela pornográfica. Sin embargo, fue Bambi el libro que parecía conservar para el régimen el mayor peligro.

 

 


[1] Para una visión en conjunto de los debates intelectuales en el ámbito de los cafés literarios vieneses, véase Harold B. Segel, The Vienna Coffeehouse Wits, 1890-1938, Michigan, Purdue University Press, 1993.

[2] Esta lógica, en particular en relación con la querella entre Kraus y Salten, en términos de proyección y auto-odio es analizada muy bien en Sander L. Gilman, Inscribing the Other, Nebraska, University of Nebraska Press, 1991.

[3] La relación entre el texto de Bambi y el contexto político es abordado en Paul Reitter, Bambi’s Jewish Roots and Other Essays on German-Jewish Culture, London, Bloomsbury Academic, 2015.

 

 

 

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