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Notas sobre Hamlet. Segunda Parte

Rubén Szuchmacher, actor, regisseur y director de teatro de Galileo Galilei, Muerte de un viajante y Todas las cosas del mundo, entre otras obras, comparte con nosotros la segunda entrega de sus notas sobre Hamlet, su última puesta en el Teatro San Martín.

HAMLET II
Carlos Furman

 

III

 

Para poner en marcha este Hamlet, la primera decisión que se tomó fue la de tener una nueva traducción. Pocas personas en el medio teatral le prestan atención al hecho de que al poner en escena un material cuyo texto de origen está en un idioma extranjero, y más si esa obra es un clásico, se necesita de una nueva traducción que pueda relacionarse de manera eficaz con los tiempos en que se habrá de representar.

La mayoría de las traducciones de obras de teatro que están editadas, desde los griegos hasta los contemporáneos, responden generalmente a pautas puramente literarias, y excepcionalmente a criterios escénicos. Quienes traducen los textos, con un mejor o peor castellano, suelen pensar en lectores y no en espectadores. Como Hamlet tiene más de 400 años de Antigüedad, algunos consideran que se debe utilizar un castellano equivalente al de los comienzos del siglo XVII. Esto se tolera apenas como lector, pero resulta insoportable en la escena. No es lo mismo un texto original de aquella época, escrito en el idioma que fuere, que contiene toda la energía de su momento instalada entre sus palabras, a una traducción que pretende imitar un estilo que ya no es propio de una época. Es como si alguien en esta época pretendiera componer una sinfonía de Beethoven. Sería un material despojado del Zeitgeist que cualquier obra despliega en forma no evidente en su constitución. En definitiva, un nuevo e inútil trabajo de Pierre Menard.

En estas latitudes, hay otras traducciones que se acercan al lector contemporáneo, que utilizan un castellano que puede ser comprendido rápidamente, pero que difícilmente puedan pasar fácilmente al escenario. Cuando esos textos, sacados de sus páginas, se usan para realizar puestas en escena, no resultan muy generosos con los espectadores, puesto que en el teatro no se puede volver a escuchar o ver aquello que no se ha comprendido, al menos durante una función. Por lo tanto, una traducción debe ser lo suficientemente clara para que pueda ser entendida a “primera escucha”.

Uno de los motivos por lo cual mucha gente no quiere asistir al teatro, y mucho menos a ver clásicos, surge del hecho de que las palabras que se emiten en los escenarios no suelen ser capturadas con claridad, generalmente por sus sintaxis falsamente poéticas, por sus léxicos abigarrados, sin relación con la lengua de los espectadores del presente. Por supuesto que no se trata de quitarle complejidad a esos textos tan elaborados, sino de hacerlos accesibles no generando dificultades en la comprensión de la poesía que recorren esas obras. Así fue que, con este objetivo, nos pusimos a trabajar en la versión literaria de Hamlet.

En esta parte de la historia hace su aparición Lautaro Vilo, un dramaturgo infrecuente en este medio teatral. Con él mantenemos desde hace más de una década una intensa relación teatral y de amistad, a pesar de nuestra diferencia de edad. Y como en el caso de Furriel, también alumno de inglés de nuestra querida Miss Rabinovich. Lautaro fue actor en algunas obras que dirigí, escribió otras obras que puse en escena, entre ellas la que me devolvió como actor al teatro: Escandinavia, estrenada en México en 2011, y que sigue cada tanto dando vueltas por algún escenario del país o del extranjero. Pero lo más intenso de nuestro trabajo común siempre estuvo en relación con Shakespeare. Lautaro tradujo la ya mencionada Rey Lear, en 2009 y Enrique IV, segunda parte, que estrenamos, en castellano, en The Globe, de Londres, en 2012. Casi un año antes de comenzar los ensayos, Lautaro comenzó a traducir Hamlet, produciendo al cabo de unos cuantos meses de trabajo una versión completa.

Esta obra, la más famosa de todas las obras de la historia del teatro, es, dentro de la producción de Shakespeare la más larga y seguramente la más compleja desde el punto de vista literario. A la cantidad extrema de líneas, el texto contiene diversos procedimientos retóricos, entre ellos la hendíadis[1] que es utilizado de forma intensa en todo el texto y que al pasarlo al castellano complica mucho la traducción.

Luego de esa versión, hicimos juntos la segunda, repasando la obra a partir del texto original, corrigiendo todas las posibles dudas de sentido que podían haber aparecido. Y finalmente, realizamos otra versión revisando el castellano utilizado, para mejorar la sintaxis y el léxico con el objetivo de lograr una mejor comprensión de las sucesivas escenas.

Sobre el final de nuestro trabajo, nuestra querida maestra, la ya nombrada Pupi Rabinovich, hizo una lectura de toda la obra, señalando posibles errores de comprensión como así también sugiriendo mejores formas de expresión de algunas ideas.

Y finalmente, la última versión, que es la que entregamos para que con ella se pudieran comenzar los ensayos, contiene los cortes imprescindibles de ser hechos en un texto que si se llegara a hacer en castellano, de manera completa, no bajaría de las cinco horas. El criterio respecto al corte fue el de no quitar ningún episodio, dejar a casi todos los personajes (excepto el de Cornelius, el segundo enviado a Noruega, junto a Voltimand, que prácticamente no habla y el del Embajador inglés, que trae un mensaje al Rey Claudio en la escena final, única escena que fue reescrita).

Para poder hacer estos trabajos debíamos encontrarnos, generalmente en mi casa. Pero muchas veces eso no nos era posible, los horarios no nos permitían desplazamientos, o nos encontrábamos en ciudades diferentes. Lo cierto es que fueron de gran ayuda el whatsapp o el skype para realizar esos trabajos. Podíamos estar el uno en Neuquén y el otro en La Plata y continuábamos imparablemente con el trabajo.

Algunos procedimientos de esta versión ya los habíamos usado antes para lograr que el texto tuviera la agilidad necesaria para llevar adelante la puesta en escena. Uno de los más importantes, y que pudimos aprender de Ingrid Pelicori, otra gran actriz que a su vez es una excelente traductora del inglés y del francés, es el de evitar, en la conjugación de la segunda persona del singular las formas del tuteo o del voseo. Así es que no se escuchan en la obra ningún ¡Escúchame!, ni ningún ¡Escucháme! Las formas elegidas siguen respetando el imperativo pero de tal manera que, a través de un giro del lenguaje (Te pido/exijo que me escuches), desaparecen tanto un uso de la lengua que no nos es propio (el tú) como una localización aporteñada (el vos).

Obviamente, la versión final del texto se terminó de definir en los ensayos, cuando las palabras comenzaron a ser dichas por los actores y actrices del elenco. Si bien Lautaro y yo las interpretábamos en los encuentros de trabajo, actuando lo mejor que podíamos esas intrincadas escenas (una ventaja a la hora de traducir teatro es tener experiencia en la actuación), para descubrir posibles errores, lo cierto es que cuando eran otros quienes las decían, las podíamos escuchar mejor y entonces, efectuar las modificaciones necesarias.

Debo decir que los tiempos de trabajo de las versiones de Hamlet fueron extraordinarios. Mientras la economía se hacía pedazos y destruía nuestros bolsillos; mientras el dólar ascendía imparablemente llegando casi al doble de su valor y nuestros magros salarios de artistas se hundían en lo más profundo del reino de la miseria, la tarea de realizar la versión de Hamlet, nos aislaba, a Lautaro y a mí, de esa dura realidad, al punto de que nada nos importaba más en un determinado momento que encontrar esa palabra que permitiera que la idea se vuelva luminosa o buscar unos sinónimos que lograran evitar una rima involuntaria.

 

 

 


[1] Según James Shapiro en 1599. Un año en la vida de William Shakespearela hendíadis es ‘Uno por medio de dos’, una única idea expresada a través de un emparejamiento de sustantivos empiezan a oscilar, como si se matizarán uno a otro tanto como al término al que cada uno de ellos modifica.

 

 

 

 

 

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