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Un nudo de herencias

El poeta Lucas Soares, autor de La médium (Mansalva, 2019), entre otras obras, comparte con nosotros su lectura del primer libro de María Cheb Terrab, La familia A (Caleta Olivia, 2018).

tapa final La familia A María Cheb Terrab 8 de setiembre

 

 

La familia A es un libro que hace gala de un materialismo poético. Despliega una serie de poemas sobre los orígenes, las tradiciones, los mestizajes y las incomunicaciones familiares. Dicho así parece algo muy abstracto. Pero si hay algo que se destaca en este libro de María Cheb Terrab es justamente su capacidad para hacer que toda esa mitología encuentre un anclaje en las cosas, haciendo de ella una especie de película muda de figuras y escenas familiares.

 

Cuando lo fui a visitar
mi abuelo
se levantó en calzones
y vino a la mesa del comedor
a tomar un té y comer rosquitas

Le quise hablar de la simetría
que hay en la familia A

En un punto me dijo

Basta
No me importa

 

*

 

Una de las ideas centrales que atraviesa La familia A es la de lo no dicho en las familias: todas las familias / hay algo que no dicen. Pero contra lo que se espera, no se trata en este libro de lo que las familias no dicen. No nos vamos a encontrar aquí con esa escena de la película danesa La celebración, donde de repente un personaje golpea una copa con el tenedor para revelar oscuros secretos familiares. O sea, para decir lo nunca dicho. Aquí el tintineo de María Cheb Terrab viene más bien a decirnos lo no dicho de otra manera. Una manera que respeta su condición de secreto. Porque en La familia A los secretos no se revelan sino que se los recupera para insinuarlos poéticamente.

 

*

 

¿Cómo hacer para que nos conmueva un libro de poesía sobre una familia que no es la nuestra? ¿Cómo podemos llegar, tras su lectura, a sentirnos parte de esa familia A? En una palabra, ¿cómo lo ajeno puede tornarse propio? En esta pregunta estriba la apuesta del poema. Por ahí pasa una de sus operaciones fundamentales: darle a una entidad particular una vuelta de tuerca universal, para arribar así a un universal-particular poético. Algo que da cuenta de una particularidad pero que, al mismo tiempo, para volverse poesía, se independiza en parte de su creador para asumir un semblante más universal donde puedan caber todos. Es a partir de ese tránsito poético que una familia particular puede llegar a volverse una familia universal. Una familia que ya no es la de María Cheb Terrab, sino una familia poética. Quizá de eso se trate la construcción poética de lo autobiográfico-familiar.

 

*

 

En La familia A la construcción de una voz en y para la familia es al mismo tiempo la construcción de una voz en y para el poema. María Cheb Terrab explota, entrelíneas, la analogía familia-poesía. Así como la comunicación y la incomunicación atraviesan el seno familiar, la poesía opera también por series, simetrías, superposiciones y repeticiones de sentidos y sonidos. Como en la saga familiar, en cada uno de los poemas se percibe el trazado de una genealogía sin origen ni final. Así, los sentidos y sinsentidos familiares asumen en el libro nuevos sentidos y sinsentidos poéticos. Como en el caso del mestizaje propio de la familia A (lo masculino y lo femenino, lo árabe y lo judío, lo rubio y lo morocho), la poesía también puede pensarse como una práctica del mestizaje. Del sonido con el sentido, de la imagen con el concepto.

 

*

 

Aquí la pregunta por el origen de una tradición familiar, la pregunta por las historias que conforman una tradición, se torna al mismo tiempo una pregunta por el origen del poema: cuando escribo no sé / hasta dónde remontarme / Igual el origen aparece. Sabemos que ambas preguntas son, en el fondo, imposibles. Frente a ellas solo cabe intuir respuestas que no son más que nuevas preguntas, barullos. La poesía como un “barullo confuso”.

 

*

 

La figura de poeta que se desprende de La familia A es la de alguien que, para saber de dónde viene, pide que le cuenten cuentos familiares; cuentos para poder contar otros cuentos. La figura de alguien que al perder la memoria ya no sabe quién es, qué hace ni por qué su vida es como es. La figura de alguien que, por ello mismo, se pone a escribir para averiguarlo. Pero en esa indagación poético-familiar María Cheb Terrab llega a otra cosa. Persiguiendo el origen de su familia termina arribando (creando) otra familia. Una familia poética que solo existe en este libro. Lo que queda tras su lectura es algo así como la experiencia de enterarnos, de grandes, que siempre tuvimos otra familia.

 

* 

 

La construcción de una voz poética es, de alguna manera, la creación de una voz dentro de otras voces. O la de otras voces dentro de una voz. La creación, como decía Deleuze, de una lengua extranjera dentro de la propia lengua: Estábamos en la mesa / mi abuela / empezó a hablar / en árabe / mi papá la corrigió / De repente todos tenían / otra lengua. María Cheb Terrab escribe como alguien que ha experimentado cortes, interferencias en su memoria. Escribe como una tartamuda; de ahí las elipsis y los cortes de verso abruptos. Esto no debería sorprendernos ya que aquí todo apunta a la cuestión del origen familiar. A ese origen que funda una mitología y que no es más que un nudo de herencias. Un nudo del que solo puede hablarse a través de una voz poética tartamuda.

 

 

 

 

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