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Dirigir o cuando ya no se sabe de quién son las cosas

Cristian Drut, director escénico y maestro de actuación en distintas instituciones, comparte con nosotros su mirada sobre la dirección de la obra Tu amor será refugio, de Juan Ignacio Fernández.

foto grupal Cristian Drut
María Horton

 

 

Cuando Luciano Ricio me trajo el texto de Tu amor será refugio, de Juan Ignacio Fernández, lo primero que pensé es que no. No, porque no. No, porque viene un actor con una obra y con parte del elenco armado. No, porque ya está medio todo decidido. No, porque somos los directores los que tomamos decisiones y si no hay decisiones que tomar, no sé para qué estamos. Sin embargo, el elenco no estaba completo y Luciano, a quien a partir de ahora llamaremos Lucho, venía con muchas ideas pero también con mucho espacio para que yo pudiera tomar esas decisiones que parece que los directores tenemos que tomar. Por supuesto que conocía a Luciano y a Aldana Illán, porque a pesar de ser mucho más jóvenes que yo, los había visto actuar, o si estoy mintiendo mientras escribo y no los vi actuar, sabía quiénes eran.

Vuelve a posarse en mi cabeza la pregunta de qué es dirigir. Para qué me quieren en el equipo si hay decisiones fundamentales ya tomadas. ¿Qué busca un actor o un grupo de actores a la hora de convocar a un director, si seguramente ya hay toda una idea de la obra que quieren hacer? ¿Tienen los actores una idea acabada de la obra que quieren hacer? ¿Tienen los actores una idea de qué buscan en un director? Así como los directores tenemos opiniones e ideas formadas en torno a los actores, seguramente también funciona a la inversa. Seguramente hay una cantidad de respuestas como seres humanos hay en el mundo dedicándose a esta actividad.

Cuando leo el texto de Juan Ignacio, Tu amor será refugio, que es la obra que Luciano me pasa, me doy cuenta de que estoy con preguntas que lo único que hacen es ponerme a girar en mí mismo. A pensar en mí y en mi lugar. La obra de Juan Ignacio me parece de una belleza inusitada y muy conmovedora. Tengo la impresión de que es un texto que me interpela y que me devuelve algo de la propia forma de cómo es propuesto por los actores. En la obra hay un asunto con una familia y con el suicidio de un padre, y con los abrazos y con la falta de contacto físico.

Creo que a partir de ahí, y esto lo puedo pensar recién ahora mientras escribo estas líneas, aparece una posibilidad para mí como director de abrazarme con gente desconocida. Con gente con la que no había trabajado y con la que no estaba en mis planes inmediatos cruzarme.

A partir de ahí empezamos a reunirnos en distintos lugares. Recuerdo mucho un primer encuentro en el bar El Banderín con Aldana Illán, a quien a partir de ahora llamaremos Abi, y con Cristina Lamothe, quien finalmente no fue de la partida. También en estas reuniones estaba Juan Ignacio, a quien llamaremos JIF a partir de ahora. Siempre me resultó estimulante la situación de poder intercambiar pareceres con el autor del texto de la obra.

Nos reuníamos a leer la obra y a pensar en completar el elenco. A partir de las lecturas empezaban a aparecer imágenes y yo me preguntaba cómo hacer friccionar algo de los espacios que proponía el texto con algo más conceptual. Tenía la impresión de que esa distancia podía volver la obra más conmovedora. El texto en sí tiene un cruce maravilloso entre espesor, densidad y mucho humor, y yo me preguntaba por dónde tenía que ir la puesta para poder generar otro relato.

Entramos en una etapa de pensar en completar el elenco y nuevamente se me aparecía esa cosa del director que tiene que poner al resto del elenco o tomar algunas elecciones fundamentales, como si se me jugara algo que ni siquiera sé bien cómo llamarlo. Tanto Abi como Lucho tenían un pensamiento acerca de la obra, pero sobre todo se les aparecían muchos actores con los que querían trabajar o a quienes admiraban.

Yanina Gruden se suma al elenco, y también Ignacio Henriquez, a quien a partir de ahora llamaremos Nacho o Sandokán, como le dicen a su personaje en la obra. A mí me pone feliz estar trabajando con ellos, así como también con Alejo Sulleiro, para quien de alguna forma esta obra sería su primer trabajo ¿profesional? Más tarde Tomás Corradi se sumaría como asistente artístico del proyecto, y el equipo de puesta en escena lo completarían Cecilia Zuvialde, Rodrigo Gómez y Facu Estol.

De alguna manera yo siento, desde casi la primera lectura con elenco completo, que es Matilde Campilongo quien me/nos va a explicar la obra. Esta fue una intuición que tuve en una de las primeras lecturas donde la vi emocionarse con solo leer el texto de JIF.

El proceso de ensayos se desarrolló no sin conflictos. Y muchos, muchos roces y fricciones que por supuesto son mías y del equipo y que no haré públicas en este texto, pero que sin embargo sí me sirven para poder pensar acerca de algunos elementos. Me formé en una época donde parecía que sufrir, pasarla mal, intensificar relaciones de poder o de sometimiento estaban buenas para la creación. Esa cosa casi sobreactuada de la fobia o de la construcción de que cuando peor la pasamos más interesantes nos volvemos como artistas. Cuanto más sentíamos que el espectáculo se armaba y se ponía interesante, más reactivos nos poníamos. Mayor era el enfrentamiento entre la dirección y los actores. Más grande era por momentos la desconfianza. Se sucedían diferencias y discusiones por cosas que ahora, viéndolas a la distancia, me parecen tan infantiles como innecesarias. Quizá yo creía que era necesario o vital que los actores se vinculen para confrontar con la dirección. Vivir esos roles como antagonistas, como roles que están mirando al objeto desde distintos lugares y siempre creyendo que el lugar propio es el correcto. Creo que nosotros pudimos finalmente poner por delante la obra. Cuando digo la obra, digo la totalidad de la obra. Los elementos en su conjunto. El texto, las actuaciones, las pruebas con Rodrigo Gómez que hubo que tirar a la basura y empezar de nuevo. Y mientras se acercaba el estreno, las tensiones se sucedían pero también se confirmaba algo del trabajo. Todos, desde nuestros fastidios, sentíamos que el trabajo estaba bueno. Que la obra se llamaba Tu amor será refugio, y que esa dificultad de los personajes para abrazar nos devolvía una fuerte necesidad de estar juntos.

En uno de los últimos ensayos, les dije a los actores que a mí me gustaba mucho el trabajo que íbamos a estrenar porque ya no sabíamos de quiénes eran las cosas. Y que esos trabajos en donde sucedía eso, me parecían siempre los más interesantes. Y las cosas en Tu amor será refugio son de JIF de Mati de Abi de Lucho de Yani de Nacho de Alejo de Ceci de Gómez de Tomi de Facu de Cristina de Marina de Jua Pablo de toda la gente del Morán.

 

 

 

 

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