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Acerca de La lechuza y el caracol

En La lechuza y el caracol. Contrarrelato político (Mondadori, 2012), Tomás Abraham utiliza algunos de los más recurrentes modos de pensar la política actual como un pre-texto para configurar un diagrama de la cultura política argentina de las últimas décadas.

 

    La lechuza y el caracol
    Tomás Abraham
    Mondadori, 2012
    288 páginas

 

 

 

 

 

 

 

El libro se inscribe en una secuela de trabajos sobre “la Argentina” que Tomás Abraham inicia con Historias de la Argentina deseada (1995), continúa con La aldea local (1998 ), La empresa de vivir (2000), Pensamiento rápido (2002), hasta El presente absoluto (2007). A diferencia de este último, que está escrito “en tiempo real” fogoneado mientras transcurre el período que abarca desde la crisis de 2001 hasta el primer gobierno kirchnerista; La lechuza y el caracol (Mondadori, 2012) intenta, y lo logra, ir más allá de los temas del día a día de la política y sus análisis, y se propone una reflexión que tiene, fundamentalmente, dos aspectos entrecruzados: uno, implícito, es la pretensión de Abraham de colocarse como alguien que desde su tarea intelectual, interviene, en este caso, como un adversario político del gobierno, sin disimular este posicionamiento. Es necesario, dado el estilo que tiene el gobierno nacional, destacar que, por lo que expresa, el autor no es un opositor partidario “en campaña”, ni un analista “neutral”, ni un enemigo “a la Schmitt”, sino alguien que da razones fundadas por las cuales no está de acuerdo, en general, con esta forma de gobernar y tampoco con la auto-narración que el gobierno lleva a cabo de su gestión, lo que se denomina “el relato”. De allí, el subtítulo del libro “contrarrelato político”.

Uno de los logros más importantes de este trabajo, que constituye el segundo aspecto, es haber utilizado algunos de los más recurrentes y consabidos modos de pensar la política actual, como un pre-texto, en el sentido etimológico, para configurar un diagrama de la cultura política argentina de las últimas décadas.

Es necesario aclarar que lo que llamamos “actualidad” o coyuntura tiene lugar en un período político determinado con sus coordenadas espaciales y sus fechas de señalización. En cambio, la cultura es un estrato de significaciones y producciones materiales decantado, consolidado y difícil de advertir para los que forman parte de esa instancia. Es el suelo que alimenta nuestras creencias más arraigadas por lo que habitualmente no se dispone de ellas para analizarlas y evaluarlas, sino que es aquello nos constituye, en este caso, como sujetos políticos. Es complejo descubrir lo cultural porque es como el ojo, es lo que permite ver, pero que no puede ser él mismo visto.

El trabajo recorre algunos tópicos del relato (la “politización” de la juventud, la denostación de la clase media, el setentismo, la confrontación a las corporaciones y otros) mostrando sus fisuras. Des-relatar es desandar el camino de construcción de una narración que se presenta como épica y fundacional para lo cual, y este es su costado oscuro, hurta o disimula logros ya consagrados, para atribuírselos como propios. Uno de los temas de la construcción del relato que constituye una clave de comprensión de la cultura política argentina es la relación entre religión y política. En su producción se apela deliberadamente a sentimientos religiosos para generar un complejo de adhesión/obediencia/compasión con fines de gobierno, a veces de manera extorsiva o amenazante. Este conjunto de sentimientos tiene como soporte “virtual” un tótem que persiste en los últimos sesenta años de la vida argentina: el peronismo.

Problematizar la unidad y homogeneidad del denominado “relato” implica poner a la luz sus procedimientos dudosos. Entre éstos, tal vez el más gravoso para la cultura de la democracia, es la cooptación de prestigiosos organismos de DD.HH., induciéndolos a tomar partido en batallas políticas del gobierno, lesionando gravemente su accionar y deslegitimando su autoridad obtenida en los años de lucha contra la dictadura y afianzada en la vida democrática. Para Abraham, la “toma” de la ESMA en 2004 por parte del presidente Néstor Carlos Kirchner, constituye un acto de apropiación de víctimas ajenas, tanto a su trayectoria política durante el proceso y también en los tiempos difíciles de la democracia. Paralelamente, en ese mismo acto se produce la omisión, con pretensiones de olvido, de quienes efectivamente dieron pasos decisivos hacia la conquista de los DD.HH. (Alfonsín, Strassera, Moreno Ocampo, los jueces del juicio) en años en los cuales todavía el poder militar disponía de mecanismos de activación ostensibles.

Otro de los temas que se analiza con profundidad es la situación del sistema educativo: hace notar que llama la atención cómo ha crecido el dispositivo institucional implementado desde el Estado, como también la oferta de organizaciones privadas, para la formación y especialización de educadores de todos los niveles del sistema educativo, incluyendo las áreas de implementación de políticas públicas destinadas al mejoramiento del aprendizaje. El autor afirma que este crecimiento es casi inversamente proporcional a la calidad educativa, tal como se constata en los persistentes fracasos de los educandos para pasar de un nivel a otro de la enseñanza, la deserción en todos los niveles y el carácter errático respecto de los contenidos de la educación. Para Abraham quienes están a cargo del modelo “inclusivo” abordan esta cuestión desde un punto de vista exclusivamente cuantitativo, ( el objetivo es “retener” a los alumnos) desatendiendo dos aspectos relevantes: uno es la calidad de lo que se enseña y el otro es la invisibilización de la que son objeto quienes –simplemente– tienen ganas de aprender y están dispuestos a esforzarse para lograrlo.

Estas reflexiones están escritas con un estilo franco y directo, en muchos casos con el sentido del humor que caracteriza al autor, y constituyen una invitación a que los argentinos arreglemos cuentas con nuestra conciencia mitológica.

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