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Borges y el Facundo

En este texto, perteneciente al libro Ser escritor (Seix Barral, 2007), Castillo reflexiona sobre la polémica afirmación de Borges según la cual el Facundo debería ser el libro nacional por excelencia en lugar del Martín Fierro.

Cuando Borges se queja de que los argentinos no hayamos elegido el Facundo en vez del Martín Fierro como modelo o arquetipo literario nacional, olvida (o simula olvidar) que las generaciones de los pueblos no buscan primero un texto y luego se modelan espiritualmente según su ejemplo, sino que inconscientemente eligen libros que de algún modo se les parecen. No es, naturalmente, el personaje de Facundo Quiroga el arquetipo de argentino que propone Borges; él contrapone el mundo de Sarmiento al personaje Martín Fierro. Pero, si bien es cierto que el gaucho de José Hernández, su carácter y sus actos no son una cifra adecuada del entero espíritu nacional, tampoco lo es el mundo ideológico de Civilización y barbarie. La historia argentina parece, no obstante, haberle dado la razón a Sarmiento: la desaparición inevitable del gaucho y nuestro europeísmo serían la prueba.

Hay sin embargo en el Martín Fierro algo que secretamente nos expresa mejor que el Facundo: la nostalgia de una edad dorada que, para mucho argentinos, es un modo de ser nacional. Hablamos mucho de civilización, de cultura, de Europa, pero (como el propio Borges) vivimos añorando las calles del Sur, las verjas y tapias de San Telmo, la épica bárbara del cuchillo, los almacenes rosados.

Yo también noto que este último argumento es dudoso, de modo que agregaré dos razones más.

Una sola circunstancia, anecdótica, basta para que el Martín Fierro sea un libro más querible que el Facundo: la amistad entre Fierro y Cruz. Otra, formal, basta para que sea más recordable. El libro de José Hernández está escrito en verso, forma que se instala en la memoria del pueblo con mucha más naturalidad que la prosa.

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