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Borges y el placer del texto

El poeta y editor Horacio Zabaljáuregui indaga reseñas bibliográficas y prólogos de libros escritos por Borges que constituyen el legado de un lector curioso.

Me pareció adecuado, para participar en este “Dossier Borges” a propósito del Día del lector, en el día del natalicio de este gran lector y escritor, comentar dos textos tomados de sendos libros que recogen, por un lado, las reseñas bibliográficas que escribiera para la revista El Hogar y reunidas en el volumen Textos Cautivos, y por el otro, los prólogos a las obras que conformaron un proyecto editorial inconcluso denominado “Biblioteca Personal”. Ambos participan del generoso espíritu que animó al Borges lector, ese difusor entusiasta, ese iniciador en los goces de la literatura, que privilegió “el máximo posible de sabor” que Roland Barthes, quien alguna vez sucumbiera a los tediosos bricolajes del estructuralismo, reclamaba finalmente en El Placer del texto. Para Borges el libro es una instancia de disfrute que tenemos deparada, una revelación, un destino.

Del primero, de Textos cautivos, un libro que si fuera editor de un suplemento literario pondría como manual de estilo, para indicarles a aquellos que comentan libros que no nos importa cuánto saben y qué nuevo dispositivo hermenéutico aprendieron en la facultad, si no que deben transmitirnos el contenido de las obras y, humildemente, o bien incitarnos a su disfrute o disuadirnos de abrir sus páginas; de él decía, mencionaré el esbozo biográfico de Isaac Babel, que me descubrió Caballería Roja y de los prólogos de la “Biblioteca Personal”, uno de mis favoritos, el que escribiera para El corazón de las tinieblas y Con la soga al cuello, que si bien no me develó a Conrad, me parece en sus diez líneas iniciales, un prodigio de exquisita síntesis que reúne a Dante y al novelista polaco, nada menos. De Babel, Borges señala que su vida estuvo signada por la catástrofe, tanto fue así que dos años después de escrita esa reseña, en 1940, moriría en lo que se conoce como la gran purga de Stalin.

Textos cautivos y los prólogos constituyen un mapa de incógnitos tesoros. Son el legado de un lector curioso, un aventurero en suma, para aquellos que decidan renovar la venturosa ceremonia, la íntima comunión con la belleza que depara la lectura.

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