FacebookFacebookTwitterTwitter

El motivo es el poema

Notas sobre el libro de Samuel Manuel Cabanchik El poema ha sido escrito (Alción Editora, 2010).

  El poema ha sido escrito
  Samuel M. Cabanchik
  Alción Editora, 2010
  190 páginas

 

 

 

I. El motivo es el poema. Casi podría decirse que el tópico que organiza los poemas de este libro de Samuel Cabanchik es de naturaleza tautológica: se escribe poesía para saber en qué consiste escribir poesía. A su manera, cada poema procura alcanzar una intuición acerca de la naturaleza misma del poema. Por ahí discurre el nervio filosófico del libro. Porque en última instancia la filosofía también supone la preparación –explícita o implícita– de la pregunta sobre la naturaleza de la filosofía.

II. El poema ha sido escrito. Si en el principio está el todo, en este verso del primer poema se halla en germen el despliegue posterior. O mejor, el libro en su conjunto representa el despliegue poético y conceptual de ese verso, a partir del cual la poesía es pensada como la (a)puesta de una imposibilidad, aquella que constituye el a priori del poema, su voz atragantada, su fecunda inutilidad. Para el sujeto poético de este libro se trata de intuir en qué medida el poema ya ha sido escrito, y en qué medida toda escritura implica una reescritura desde el prisma de un determinado universo proveedor. El poema vendría así a testimoniar una experiencia del mundo que, al ponerse por escrito, deja ya de pertenecernos. Y es ahí donde refulge el hecho estético, como una intensidad anónima y última.

III. ¿Por qué hay poema y no más bien nada? Tal sería la pregunta que se desprende del libro. Respuesta: hay poema para saber qué es un poema. Si todo poema es un naufragio; si toda palabra es “una celda / abarrotada de sonidos y el sentido por cerrojo”, se escribe para ver qué es lo que se oculta y desoculta tras las rejas del lenguaje. De aquí que para Samuel Cabanchik el ritual de la escritura poética asuma la forma de un sacrificio placentero, por cuanto el mejor poema es siempre el aún no escrito.

IV. Penélope. En su experiencia de tejido y destejido de las palabras, el poeta trama ese plan de fuga sin destino que es el poema. Se escribe –dice Cabanchik– para “trazar fugas”. ¿Fugar de qué? De los dolores humanos y no humanos. El poema es una ventana al caos de nuestros miedos y vacíos; o la mostración, como diría Trakl, del “silencio del abandono”. Su vacía plenitud, su “caída hacia las alturas” se explica por su gesto de asumirse como un “miedo derrotado” o “paraguas en desuso”. El poema acontece para testimoniar la inconsistencia del mundo, a partir de la cual, paradójicamente, llegamos a vislumbrar sus intensidades últimas: “Al menos queda el poema, / que es una nube robada / de la que el hombre ha caído”.

V. La casa del dolor. ¿Qué implica para Cabanchik el poema? Un claroscuro sugerente, cuya temporalidad propia revela algo que “se agita en los trasmundos / algo que no sabemos leer / pero que se escribe en nuestra espalda”. Como “un torpe andador”, el poeta camina con paso acalambrado; tiene asignado el destino de Penélope: deshace de noche los tejidos de sentido tramados durante el día. Por eso, en el fondo, el poema no existe; lo que existe más bien es su estela: “la palabra incumplida” que llamamos ‘poema’, y que se revela como la llave de una casa siempre desconocida: la casa del dolor, de lo pasado vivido y perdido. La casa de Ungaretti, poeta que –junto con Juarroz– resuena a lo largo del libro.

VI. Tópicos. El paisaje que demarcan estos poemas abarca la raíz infantil de los miedos; la poesía sobre la poesía; las rejas y tretas del lenguaje; los corredores del silencio y las diferentes modulaciones del vacío; la co-presencia de sentido y sin sentido, de presencia y ausencia; la materia porosa de los sueños; la narrativa de la conciencia y de su intrínseca soledad; los paralelos entre el acto amoroso y el poético, entre otros.

VII. Filosofía y poesía. Si hay en el libro resonancias filosóficas es porque para Samuel Cabanchik la pregunta de fondo que se hace tanto la filosofía como la poesía es siempre autorreferencial, inútil y necesaria a la vez. La filosofía y la poesía se asemejan al bastón de un ciego, “que alguna vez acierta al bulto y a menudo agita levemente el vacío”; ambas suponen el trazado de “huellas en el vacío” y el otorgamiento de una importancia fundamental a lo que usualmente no lo tiene. Pero aquí la poesía no se reduce a un mero “juego lingüístico”, sino que deviene el agujero negro que pone al lenguaje en estado de emergencia, en tanto lo sustrae de la tiranía del significado, y en tanto hace naufragar en su seno “todas las causas y las gestas imposibles”. ¿Por qué poetizar? El libro hace de esta pregunta una cuestión filosófica. ¿Por qué filosofar? El libro hace de esta pregunta una cuestión poética. Tales preguntas nos retrotraen a la pregunta originaria: ¿por qué desear? Porque así como “los pájaros no inventan su cielo”, los poetas y los filósofos no inventan su asombro ni su abismo.

Notas relacionadas

En su nuevo libro, Herrera el Viejo (Ediciones en Danza, 2020), el poeta Ricardo H. Herrera vuelve a hacer de la poesía, forjándola con rigor y belleza, una ética que nos salvaguarda de la oscuridad del mundo.

El libro de Nahuel Krauss, La segunda pérdida. Ensayo sobre lo melancólico (Miño y Dávila, 2020) apunta hacia un nuevo concepto de la melancolía para plantear que el único modo de cambiar, desear y existir plenamente es perder.

El filósofo Federico Penelas, coeditor de El giro pragmático de la filosofía (Gedisa, 2003) y Gramáticas, juegos y silencio (Grama, 2006), entre otras obras, comparte con nosotros su lectura de La médium (Mansalva, 2019) de Lucas Soares.

Una lectura de Juan Manuel Sodo, ensayista y docente universitario, sobre Biografía y ficción (Notanpüan, 2019), el nuevo libro de cuentos de Damián Huergo, premiado por el Fondo Nacional de las Artes.

El poeta Lucas Soares, autor de La médium (Mansalva, 2019), entre otras obras, comparte con nosotros su lectura del primer libro de María Cheb Terrab, La familia A (Caleta Olivia, 2018).

Ariel Farace, dramaturgo y director de Constanza muere, entre otras obras, comparte con nosotros su lectura del libro Inundación. El lenguaje secreto del que estamos hechos (Ediciones DocumentA/Escénicas, 2019), de Eugenia Almeida.

Luis O. Tedesco, autor de Poesía política (Ediciones en Danza, 2019), entre otras obras, comparte con nosotros su lectura del último libro de Graciela Perosio, El ansia (Leviatán, 2019).

Pablo Oyarzún Robles, filósofo, ensayista y traductor, aborda en este ensayo los vínculos entre imagen, enigma y narcisismo a propósito del libro El sacrificio de Narciso (Hecho atómico ediciones, 2018), de Florencia Abadi.

Ariel Farace, dramaturgo y director de Luisa se estrella contra su casa y Constanza muere, entre otras obras, comparte con nosotros su lectura del libro Después, de Nurit Kasztelan, publicado recientemente por Caleta Olivia.

Marcelo Díaz, poeta y crítico, autor de La formación de la lírica. Apuntes sobre poesía argentina contemporánea (UADER, 2017) y Bildungsroman (Gog & Magog, 2018), entre otros libros, comparte con nosotros su lectura de Tarda en apagarse, de Silvina Giaganti.