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Tumulto, de José Portogalo

La nueva edición del libro Tumulto (Serapis, 2012) nos brinda la oportunidad de introducirnos en la gran sensibilidad social del universo poético de José Portogalo.

 

  Tumulto
  José Portogalo
  Ed. Serapis, 2012
  126 páginas

 

 

 

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En su momento, año 1935, la editorial anarquista Imán sostenía el propósito de “divulgar valores jóvenes de América” al publicar el poemario Tumulto de José Portogalo (seudónimo de José Ananía), artista nacido en Italia en 1904 pero emigrado a la Argentina desde muy pequeño. Hoy, con la redición hecha en Rosario por la Editorial Serapis (marzo de 2012), al cuidado de Agustín Alzari quien conserva las ilustraciones de Demetrio Urruchúa que originalmente acompañaban el texto del libro, el compromiso vuelve a ser de divulgación. A pesar de que Jorge Monteleone en su antología 200 años de poesía argentina incluye a Portogalo, no se trata de un poeta frecuentado por el público lector argentino. Así, tampoco Tumulto ha convocado una recepción semejante a la de otros poemarios de la década del ’30, producidos por poetas de diferentes públicos y estéticas, como Lugones, Borges o Raúl González Tuñón. Si reflexionamos en el hecho mismo de no haber sido reeditado todos estos años, por motivos que se infieren pero en gran parte se desconocen, quizás hallemos una explicación de su olvido durante el siglo veinte, el cual estimamos no será reiterado en el actual.

Interesa nuevamente la propuesta de Tumulto por varias razones. Una de ellas, poder asistir a una de las primeras manifestaciones argentinas de verso libre exhaustivo, de métrica ensanchada hasta desafiar la verticalidad del formato libresco, que se apoya en la necesidad de decir. Escritura por momentos coloquial, narrativa, frugal hasta el despojo, que anticipa algo del tono y la temática de la poesía conversacional latinoamericana de las décadas siguientes. Casi una prosa poética urgida y estimulada por su época: los años 30, senderos de posibilidades, doble vía traumática de nuestra historia en la cual se desarrollan y se visualizan cercanos los mayores universos utópicos, y los peores escenarios de represión criminal. Allí Portogalo necesita sondear y decir la alteridad, el hombre, el trabajador, y el pobre, como hiciera César Vallejo; asimismo exorcizar, también por medio del decir, el poder imperial, Wall Street, la guerra, la mano ensangrentada del millonario, la hipocresía funcional de la Iglesia católica –uno de los ademanes más osados de Portogalo en aquella Argentina coercida–, y la usura como lo hiciera Ezra Pound. Precisamente, porque no sólo con la poesía argentina que se emparenta Tumulto es que retornan aquí espíritus simultáneos y coetáneos como los de Pound, en el señalamiento indeclinable de aquello que degrada nuestro mundo, y Vallejo, en esa dimensión –cada vez menos frecuente en nuestra poesía– en que la escritura y el escritor padecen con el “otro”, son el otro, el que sufre por causas sociales que el arte no debe soslayar.

Con González Tuñón es comprensible, por razones de amistad y convivencia con su autor, el vínculo de Tumulto; pero con Vallejo resulta curioso señalar las coincidencias a distancia, sobre todo en el aspecto temático y en las imágenes poéticas: metonimias fundamentales del mundo del niño, el pobre y el obrero, como las manos, el puño de la camisa, los zapatos, un mendrugo de pan. Fotogramas de la desgracia social que en este libro de Portogalo evocan a Charles Chaplin cuando señalan la individualidad sufriente, y a Serguei Eisenstein cuando recrean el acometimiento impiadoso de terminar con ello por parte de la colectividad. Y no es casual, insistimos, que nos estemos refiriendo ya a unos cuantos artistas que sin conocerse necesariamente, y sin que necesariamente hayan sido material de influencia en Tumulto, habitan esa década de 1930 produciendo similares manifestaciones de la sensibilidad social, sueños de reivindicación que no dejan de lado la fineza de algunas de sus herramientas artísticas: la imagen y el sueño. Años en que el artista, y Portogalo se incluye aquí, no se permite dudar de la marcha directa hacia la gran transformación histórica, pues la revolución internacional es percibida –a pesar de ciertas derrotas aún no tan determinantes– como una certeza tanto en las ciencias sociales como en la poesía.

Precisamente porque nos permite revalorizar un documento histórico de una instancia fundamental de nuestra cultura, y porque nos confiere en ello una poesía entrañable que cubre un intersticio en la edificación de nuestra literatura, pero que fundamentalmente muchos de nosotros no estábamos disfrutando hasta hoy. Esta decisión de reeditar Tumulto de José Portogalo tal vez constituya una de las más atinadas del último año editorial en poesía.

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