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La novela de la poesía

Con la edición de La novela de la poesía, los temas esenciales de Tamara Kamenszain adquieren una perspectiva global, a la vez que instalan correspondencias y nuevos sentidos en su obra.

 

    La novela de la poesía. Poesía reunida
    Tamara Kamenszain
    Adriana Hidalgo Editora, 2012
    408 páginas

 

 

 

 

 

 

 

La novela de la poesía. Poesía reunida: tal el título inspirador de este libro de Tamara Kamenszain. La obra reunida le roba el título a su último libro de poesía, inédito hasta ahora, incluido a su vez en este libro. ¿El título interpreta la obra, con el cierre del último libro, o desovilla el ovillo que la obra ha tejido? ¿La novela de la poesía, el último libro −y no la obra reunida de Tamara Kamenszain− es un libro que, en tanto lectura de su poesía anterior, le da un sentido a la obra, o, por el contrario, es un paso más −distinto, en metamorfosis− de esa poesía? ¿Y por qué en todo caso, el título del último libro se repite para titular la obra reunida?

Una respuesta bastante obvia podría sostener que La novela de la poesía. Poesía reunida, estaría contando la novela de la poesía de Tamara Kamenszain. El libro contaría, así, un cuento sobre esta poesía que se despliega desde De este lado del mediterráneo hasta La novela de la poesía. Así aparecerían y reaparecerían escenarios, tonos, poetas, voces, acontecimientos y hasta soluciones estéticas, pero, sobre todo, allí se contaría también la historia −la novela− de la poesía de Kamenszain en su hacerse: de allí que el libro incorpore poemas inéditos, nunca antes publicados, y De este lado del mediterráneo, pese a la vergüenza que la autora confiesa sentir por él −injustificada, agrego−. La novela de la poesía sería así un libro que en la costura de la obra reunida exhibe esas recurrencias e insistencias que arman la poesía de Kamenszain: una experiencia judía descentrada, migraciones y errancias, núcleos de lo familiar, retazos de biografía, usos desplazados del habla común, y esa colisión luminosa entre una suerte de neobarroco de la sintaxis y el sencillismo despojado del vocabulario con el que se lo confronta, describiendo con ello la errancia tal vez más importante de una poesía que no se cobija en ninguna tradición, aunque de varias abreve.

Otra respuesta, no tan obvia ni tampoco tan otra, porque esa novela de la poesía la contiene y la hace posible −la pone en escena−, es que el libro así ordenado hace evidente una pulsión que habitó la poesía de Kamenszain desde un comienzo, aunque se intensificara en los últimos libros, más descarados. Sería esa pulsión a la que el título La novela de la poesía alude, no tanto por su alusión al relato, sino por la indeterminación entre novela y poesía en la que el título insiste. Quiero nombrar esa pulsión, esa insistencia, que viene desde De este lado del mediterráneo, atraviesa de modos diversos los distintos libros y encuentra en el último su título, como el paso de prosa de la poesía de Tamara Kamenszain.

 

La experiencia de lo común y el paso de prosa

Con paso de prosa no quiero simplemente nombrar la ausencia del corte del verso en De este lado del mediterráneo, las repeticiones y ecolalias que extienden el verso en Los no, el encabalgamiento marcado que le imprime un paso de prosa a La casa grande, los restos de frases cristalizadas del habla común que aparecen en prosaísmos enroscados en Vida de living, o la emergencia del lunfardo y de la canción popular en Tango bar, y ni siquiera −aunque podría pensarse como su camafeo más paradigmático− el impulso por narrar que la lleva a personalizar la experiencia biográfica en El Ghetto, El eco de mi madre, y, finalmente, La novela de la poesía. Todos ellos son sí pasos de prosa, es decir, momentos en que la poesía, al atraer y convocar a ese otro de sí que es la prosa, elabora un movimiento en el que su identidad queda turbada, en equilibrio tenso con su otro.

Con paso de prosa quiero nombrar aquí esos movimientos, sí, pero lo que más me interesa es elucidar a partir de ellos el sentido más político −más urgente− de todos esos movimientos que hacen que el verso de Kamenszain, en el mismo momento que afirma su identidad, la arroje fuera de sí, dando lugar a una de las poesías contemporáneas más radicales en un cuestionamiento de lo específico, de lo propio, de la identidad y de la pertenencia.

El desmadre de ese paso de prosa que desde El ghetto se viene acentuando encuentra en El eco y En la novela de la poesía una estrategia que parece aclarar de un modo más evidente ese sentido político. Estos dos libros asumen una primera persona biográfica que en el momento mismo que se compromete en la poetización de experiencias tan íntimas e intransferibles como la muerte de la madre, en El eco , o una reflexión más general sobre la muerte, en La novela, disuelven la identidad de ese sujeto en una serie de versos, reflexiones y experiencias semejantes de otros poetas, escritores y voces. Entre esas voces y sin necesidad de ninguna identidad o pertenencia se define una experiencia de lo común radicalmente hospitalaria. La serie y la colección (otro paso de prosa) descentran al sujeto sin abandonarlo, y al esparcirlo sobre el dominio de la experiencia común, convierten la experiencia íntima de la muerte de la madre y de la muerte en general en muerte y enfermedad de cualquier madre, de toda madre; en muerte de cualquiera, de todos. En el simultáneo gesto de singularizar en el yo la experiencia más íntima −de exhibirla, de ofrecerla− y proyectar esa experiencia en el dominio de lo común, los libros operan un desplazamiento de lo individual a lo colectivo en el cual ni experiencia ni yo pertenecen a un individuo en particular, logrando de esta manera singularizar la experiencia, sin amarrarle noción alguna de pertenencia o especificidad.

Singularidad sin pertenencia: en tanto lo singular aparece allí en una relación constitutiva con el otro y con otros, ese paso de prosa se torna en un gesto político en el sentido que le diera Hanna Arendt a lo político: “un espacio plural e interactivo de exhibición”[1].

Conviene leer la “conclusión” con la que Tamara Kamenszain cierra La novela de la poesía como una reflexión sobre este paso de prosa:

“La prosa poética ya fue
La novela lírica con evocaciones de infancia
Ya fue ya fue
La poesía que se las da de narrativa
También ya fue salvo cuando cuenta

Conclusión:

Entre el dolor y la alegría
De estar viva
Escribir poesía para mí
Es dar y recibir una promesa
De supervivencia
Hay corte de verso pero también hay
un verso que se encabalga con otro
Si van de la mano ¿cuentan algo?
No sé pero te aseguro
Con toda el alma quieren seguir contando
Para que mañana si me queda tiempo
Yo te pueda pasar en claro mi cuaderno
Escribirte por ejemplo un ensayo titulado
LA NOVELA DE LA POESÍA
¿Será eso hablar de la muerte?
Vos sabrás”.

Leyendo La novela de la poesía. Poesía reunida, me parece, finalmente queda claro cuán lejos han llevado, esos pasos de prosa, a la poesía de Tamara Kamenszain.



[1] Citado por Paul A. Kottman, Translator’s Introduction. En Adriana Cavarero, Relating Narratives, London and New York, Routledge, 2000, p. XXIII.

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