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A propósito de Una salva de porvenir de Fernández Retamar

Palabras pronunciadas en la presentación de la Nueva Antología poética del autor en la Feria del Libro, el pasado 27 de abril.

Una salva de porvenir. Nueva antología personal
Roberto Fernández Retamar
Ediciones Colihue, 2012
232 páginas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La publicación de una antología implica, claro está, una selección y, en este caso, a su vez, una selección en el marco de una obra poética prolífica. No es una tarea sencilla y menos si el responsable de realizarla es el autor, para quien cada poema seguramente tiene un valor único y, en muchos casos, fundamental. Pues bien, ello es lo que ha sucedido con Una Salva de Porvenir, dado que ha sido el propio Roberto Fernández Retamar quien ha debido elegir algunos poemas y relegar otros, para poner así a disposición del lector argentino una obra nueva. Mi interés hoy, aquí, no es intentar develar cuál es el criterio con el que F. Retamar ha seleccionado los poemas reunidos en esta antología (algo que eventualmente puede transmitirnos él mismo), sino, de alguna manera, tratar de pensar cuáles son las condiciones generales que hacen posible su unidad, si es que el libro tiene unidad, como yo creo.

Es indudable que una voz poética no puede mantenerse inconmovible e inmutable a lo largo de los años (y más cuando esa voz recorre un trecho histórico de casi sesenta años). En ella se producen desplazamientos, nuevas búsquedas y nuevas afirmaciones, y, en el caso de Retamar, como se ha hecho notar, ello sucede claramente a partir de la Revolución del 59. Es con Sí a la Revolución (1958 – 1962) en donde, con claridad, se le da lugar a una poética que encuentra una mayor apertura formal en comparación a la de los primeros libros (vale destacar que no es casual, en este sentido, que en esta antología no se incluya ningún poema de Elegía como un himno ni de Patrias, sus dos primeros libros). Sí a la Revolución, es, como indica su título mismo, una afirmación de la emancipación y un compromiso (aunque al maestro no le guste la palabra compromiso) con la revolución cubana. ¿Cuáles son las implicancias de esa afirmación? Sin lugar a dudas una expresión poética más conversacional, que encuentra entonces una palabra que sale de sí y nos busca. Una aspiración que comenzaba a mostrarse, como desafío y enseña, ya en el poemario Alabanzas, conversaciones (tampoco parece casual que este libro abra la antología que presentamos). Un poema de ese libro, llamado “Uno escribe un poema” (que no está en ésta, sino en otra antología llamada Palabra de mi pueblo, del 80, de la editorial Letras Cubanas, cuya edición tengo y guardo como un tesoro), en ese poema, decía, parece lucharse explícitamente contra cierta voluntad de soledad que reclama muchas veces una poética esteticista. En esa lucha se anuncia, entonces, una apertura que se consolida con la poética posterior: “Y esta felicidad / Mía, a solas, quizás es también imposible / Es como un árbol de flor sin embargo necesaria / Que se desperdicia entre silencio y ruido, / Inexistiendo tal vez, sin el ojo / Que al mirarla, alegrándose, / La haga de veras. Entonces / Uno escribe un poema”.

Desde su comienzo, Sí a la Revolución, con “El otro (Enero 1ro, 1959)” asume una realidad y una deuda con aquellos que murieron por uno y para uno, para que esa realidad fuera posible. Y esa nueva realidad política, revolucionaria, se mixtura de manera inescindible con el amor. No es posible pensar ambas cosas (amor y política) disociadas parece advertirnos la poesía de Retamar. Así leemos también que “Con las mismas manos de acariciarte estoy / construyendo una escuela”. Y, en el mismo sentido, en el poema “Carta a Juan Gelman, en Buenos Aires”, que dice “Hay la Revolución, el amor inmenso de la Revolución / Que es un amor de hombre y mujer / Que fueran todos los hombres y todas las mujeres”.

Este poema llamado “Carta a Juan Gelman”, como otros poemas compilados en esta antología que llevan también el título de “Carta” (entre ellos “Última carta a Julio Cortázar”), son envíos que en su búsqueda requieren y animan a una comunidad. Fue el poeta Jean Paul quien dijo, alguna vez, que “los libros son voluminosas cartas escritas a los amigos” y, aquí, ello se vuelve –de alguna manera– explícito. Así, en el poema-carta a Gelman un verso que dice “Sabiendo que esta es sin duda nuestra Revolución” nos recuerda que la revolución cubana es nuestra, y el nosotros, por supuesto, va más allá de Cuba y abraza a toda Hispanoamérica. Lo mismo con Paco Urondo: un poema de Juana y otros poemas personales (1975 – 1979), cierra con el verso “Nada seguirá como estaba, Paco, por ti y por los muchachos como tú”. Esa comunidad, una comunidad soñada pero también, humana, muy humana, también se había afirmado en Buenos Aires, entre tantas cosas, cuando en 1973 Paco Urondo escribía, en la cárcel de Villa Devoto: “Aunque parezca a veces una mentira, la única / mentira no es siquiera la traición, / es simplemente una reja que no pertenece a la realidad”.

De alguna manera, esa comunidad, con su voluntad emancipatoria, calibanesca podríamos decir (que hace de Hispanoamérica, “nuestra América”), es la que se expresa en esta antología de Fernández Retamar. En algún texto compilado en Ensayo de otro mundo, Fernández Retamar apuntaba que la unidad de una literatura está siempre sustentada en una unidad previa, de carácter no literario. Esa unidad, que creo que es política, es una unidad que se ha ido expresando a lo largo del siglo XX y que si bien en las últimas dos décadas del siglo pasado pareció puesta en cuestión, nuestra hora hispanoamericana parece reafirmar esa unidad. El mayor poeta de nuestro continente, José Martí, decía que “No hay letras, que son expresión, hasta que no hay esencia que expresar en ellas. Ni habrá literatura hispanoamericana hasta que no haya Hispanoamérica”. La unidad que expresa esta antología, una unidad sin dudas siempre en tensión, es la unidad política que se alienta en nuestro continente y que es, en parte, porvenir. Que hoy estemos presentando esta antología, que es un saludo, una salva de porvenir, y que lo estemos haciendo aquí, en Buenos Aires, no hace otra cosa que reafirmar esa unidad hispanoamericana a la que siempre aspiró Martí.

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