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Campo devastado

Presentamos un texto inédito en español del poeta chino Xiao Kaiyu (Sichuan, 1960), traducido por el poeta Miguel Ángel Petrecca, responsable del notable Un país mental. 100 poemas chinos contemporáneos (Ediciones Gog y Magog).

(Parte 3)

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Los hijos

Sus padres se oponen al destino y en distintos obradores venden la vida y conservan con suerte manos y pies.
Sus madres se oponen al destino y en distintos saunas venden su sexo y ahorran no poca plata.
Sus padres y madres no se oponen al matrimonio pero por sus hijos deben oponerse a la política de hijo único.
No son personas nacidas en forma común en un hospital común.
Sus madres son su vergüenza; ellos, la enfermedad de las ciudades.
Se pegan a la espalda de sus madres de sus hermanas arriba y abajo de los puentes que cruzan las grandes avenidas:
no son sólo una herramienta para vender videos pornos son también una parte de esos videos.
Crecieron junto a las moscas las moscas muertas los ratones y los ratones muertos.
Al costado de las vías en la intersección entre el campo y la ciudad miran con los ojos bien abiertos a los Demandantes que se arrastran anulados por el piso.
Asisten a escuelas clandestinas para los hijos de campesinos inmigrantes y ayudan a personas normales a encontrar un tema shockeante para una conferencia, como yo cuando exagero mi indignación al escribir un texto y proponer una solución tonta.
Ellos en muchos escenarios de peso representan el papel estelar del niño que soporta mil privaciones, a veces incluso al salir a escena reciben aplausos y lágrimas.
Esperan el día en que sus padres queden inválidos o se iluminen de golpe y decidan lavarse las manos.
Quieran o no, van a terminar regresando al campo junto con sus padres, cargando esos bolsones de tela.
No importa cuánto acumulen sus padres, el campo ya es de los viejos los débiles los enfermos los inválidos.
No importa qué piensen los padres, en el campo no tienen nada que hacer.
Sus padres, igual que ellos, ya no soportan el campo. Para los campesinos típicos ellos ya son como forasteros. Los rascacielos que construyen son sin embargo sus tumbas: al fin y al cabo han vivido y sentido el bastón de los policías.
Al fin y al cabo, han sentido en carne propia el desprecio de los niños de ciudad.
Entran a las ciudades de condado siguiendo a sus padres forasteros.
Han visto medio mundo y no son menos que los habitantes de esas ciudades.
Lo acumulado por sus padres no alcanza para comprar un cuello blanco.
No pueden entrar en las escuelas importantes. Se alían con sus iguales del lugar para darle una golpiza al profesor.
Sus parientes se pudren en el campo. Sus propias vértebras están clavadas a muerte en un campo que no les pertenece.
No tiene más de diez años, pero ya han pasado todas las experiencias.
Se agarran a y se hunden en y se mueren por cualquier oportunidad de volverse malos.
Miran con desprecio a los típicos niños campesinos hacer la tarea día tras día hasta el día de su muerte.
Saben que no vale la pena entrar a una mala universidad y que las buenas son inaccesibles: al final van a volver a la aldea a malgastar el resto de su vida.
Saben que su destino es ahora pelear y pelear; en el futuro hacer changas y vender bagatelas.
Saben que la vida tal vez pueda mejorar, pero que no es posible oponerse al destino.
Se tiñeron el pelo, se tatuaron el cuerpo, aprendieron el mal temperamento del vago: eso es todo.
Ellos también quieren quedarse absortos pero no tienen dónde hacerlo.
El campo y la ciudad en los que vivieron pertenecen a otros; ellos deben llevar estos dos lugares hacia al pueblo donde no han vivido, por eso tienen el aspecto de canallas: en todo caso no de personas.
Tienen enfermedades de viejo, pero todavía se hacen pis en la cama.

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Explicación complementaria (Nota del autor):

No tengo la capacidad para escribir este poema, pero no puedo no escribirlo. Estos últimos años he visitado aldeas de diferentes provincias: la tierra ha mejorado pero el ambiente es cada vez más tétrico. La cadena de producción de los intelectuales del campo se ha interrumpido. Mantengo todavía un cierto optimismo: los egresados de diferentes tipos de universidades finalmente tendrán que volver a las capitales de condado y a los pueblos rurales para encontrar trabajo, y ahí, inevitablemente, deberán construir su vida junto a los obreros-campesinos (nongmin) que vuelven de las ciudades con sus hijos. Sólo cuando los obreros-campesinos vivan felizmente en los pueblos de provincia, como seres humanos dignos, la ciudad podrá otorgarle tranquilamente un nombre al enorme regalo que estos trabajadores le han dejado a la población urbana, sin necesidad de seguir añadiendo a la serie de grandes registros de las huellas dejadas por el infortunio y el pecado. Pero espero que esto no vaya a sumarse al saqueo del valor remanente de los campesinos. No me opongo a la utilización de las penas de los campesinos para curar las enfermedades mentales de los intelectuales, no me opongo a nada que permita llevar la atención de la sociedad hacia el debate de las Tres Cuestiones del Campo. Creo que la organización de la vida en los pueblos rurales, alrededor de las capitales de condado, es la única forma de solucionar el problema del campo. Simpatizo con un ideal europeo y norteamericano, según el cual el símbolo del éxito de un escritor es su regreso al campo. Tal vez cuando estos obreros-campesinos, cuya descripción aquí no he exagerado para nada, logren establecerse en paz, estaremos también más cerca de ese ideal. ¿Puedo aceptar este futuro con el corazón tranquilo?

17-19 de junio de 2007, Kaifeng.

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Notas de la traducción:

[1] “Demandantes” alude a los habitantes del campo o de las provincias que se dirigen hacia la capital provincial o la capital de país para solicitar la ayuda o la intercesión directa del gobierno en un litigio o un conflicto. Dentro del Estado existen oficinas especialmente destinadas a recibir las quejas y solicitudes de los Demandantes, que pueden permanecer a veces durante años esperando la resolución de su caso. Se calcula que en Pekín hay alrededor de 100 mil Demandantes.

[2] Las Tres Cuestiones del Campo son: los campesinos, la agricultura y las empresas rurales organizadas no alrededor de las ciudades sino de los pueblos rurales.

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