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Rozitchner y la crítica radical

En Persona y comunidad (Biblioteca Nacional, 2013), primer libro de León Rozitchner reeditado recientemente, se asiste a una crítica radical del espiritualismo de Max Scheler.

 

 

    Persona y comunidad
    León Rozitchner
    Ediciones Biblioteca Nacional, 2013
    304 páginas

 

 

 

 

 

La reedición del primer libro de León Rozitchner, en el marco de la publicación de sus Obras por parte de la Biblioteca Nacional, nos acerca a un trabajo que ilumina, desde atrás hacia adelante, el materialismo ensoñado que Rozitchner irá elaborando a lo largo de toda su obra. Esa elaboración, en cada uno de sus libros, encontrará un oponente teórico siempre diferente que sirve para dar comienzo a su propio pensamiento. Persona y comunidad, tesis con la que obtuvo el doctorado en filosofía en la Sorbona (bajo la dirección de Jean Wahl), y que no es una excepción respecto a ese proceder filosófico de pensar en contra de, toma como objeto la filosofía de Max Scheler y, en particular, el problema de la afectividad en su significación ética.

El interés de Rozitchner en torno al espiritualismo de Scheler, en boga en el ámbito universitario en las décadas del cincuenta y sesenta, reside justamente en el problema de la afectividad, en tanto esfera íntima de la persona en la que Scheler pretendía encontrar lo absoluto del hombre. Ahora bien, si la materialidad de la afectividad era el fundamento, para Scheler, de una suerte de totalidad; Rozitchner intentará mostrar, luego de un análisis detallado de ciertas estructuras afectivas que en el pensamiento scheleriano funcionan como esencias a priori (el contagio afectivo, la comprensión afectiva, la identificación, la simpatía y el amor), que para generar ese movimiento teórico, Scheler debe realizar un salto dogmático. Las esencias schelerianas, en efecto, encubrirían el proceso de abstracción que las deslinda de toda referencia a lo que desde un principio Scheler quería dejar de lado: el sentido del trabajo moral en el hombre y la comunidad.

Así, Rozitchner apunta que el absoluto que intentaba fundar Scheler no es más que una totalidad abstracta que es preciso desandar para componer una verdadera totalidad, esto es, una totalidad concreta. Y en ello, de alguna manera, reside la batalla que se libra en estas páginas, la del materialismo dialéctico frente al espiritualismo de los afectos: oponer lo concreto frente a lo abstracto de la totalidad.

De cara a una filosofía que engarza abstractamente la intimidad de la persona con una totalidad espiritual que se apoya en lo divino, Rozitchner subvierte sus términos y pretende sustituir esa totalidad divina y estática por una totalidad concreta y dinámica, basada en la estructura de una existencia moral comunitaria que puede verificarse solamente en la realidad histórica del hombre que es creador del drama en el que vive. Pues, en efecto, si hay algo que, para Rozitchner, se sigue de los razonamientos de Scheler, es que el hombre no es un absoluto, sino un absoluto-relativo. El desafío teórico es, entonces, desligar ese absoluto-relativo del espíritu divino y fundarlo en su verdadera materialidad, la historia concreta. Ésa es la batalla que Rozitchner asumirá, a su vez, en todos sus trabajos posteriores, y que en este trabajo de una notable erudición se verifica sin más: ejercer una crítica radical frente a toda forma de idealismo.

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