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El origen

En este texto se expresa la conmoción de un golpe, el que ha provocado el nuevo libro de Luis O. Tedesco.

Entre el silencio y la palabra hay otro silencio, colonizado por otra palabra que abre otro silencio…El carrusel de las letras hiere en su giro lo que late, hasta que la sangre forma una imagen: la de la vida cuya ola rompe en escritura, en literatura. Es el origen donde una subjetivación, a la vez solitaria y colectiva, -y lo uno por lo otro en indiscernible viceversa-construye un puente que cabe en un acto. Es el acto del poeta que versifica o narra la verdad de la historia, agenciada en un dispositivo de cultura.

Apenas conjetural es que los millones de libros que cuelgan de los anaqueles del mundo, reducido él mismo a mercancía, habiten ese puente, ese abismo. Cabe a la aventura del lector tantear en la confusión esas texturas que, minoritarias y a menudo cifradas, conservan el latido, testimonian la hendidura, invitan al salto, y al asalto, compartidos. Así ofrecen sus voces a lo que no tiene voz, a lo que se quebró entre el grito contenido y una música de aeropuerto.

Y si se ha tenido la dicha de haber dado con alguno de esos textos infinitos, comunicarlo es amabilidad, necesidad y política. Nobleza obliga y digo, en este caso: golpeados por las páginas del nuevo libro de Luis O. Tedesco, Lucho Maidana ataca, tratamos en vano de reordenar la biblioteca, pues una y otra vez arrecia un viento que mezcla las hojas de los otros libros, reducidos a escombros, en una Babel a un tiempo festiva y dolorosa, donde tiemblan todos los silencios y todas las palabras. Comprendemos entonces que este libro, -clasificado como tal por imposición de la convención de una forma y de una materia- quema en las manos. Una vez leído quema en el cuerpo y exige relectura, lectura en voz alta, en fin, celebrarse en la feria del pueblo.

Humillado y contrahecho en sus miserias, el lector de un texto que es origen, como lo es esta primera novela de Tedesco, no puede sino dejarse arrastrar a un nuevo nacimiento. De gusano pasamos a crisálida por la magia demiúrgica del poeta y narrador, sin promesa de redención, a no ser que sepamos encontrar en la inmanencia del proceso, la mariposa que no sabrá si sueña lo que nunca fue, o por fin ha despertado y reconocido el lugar de su existencia por primera vez.

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