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A propósito de La república posible

En La República posible. 30 lecturas de 30 libros en democracia (Cabiria, 2014), Bentivegna y Niro (editores) ensayan un experimento crítico sobre la vinculación entre democracia y literatura.

 

 

La república posible
30 lecturas de 30 libros en democracia
Diego Bentivegna y Mateo Niro (Eds.)
Cabiria, 2014
220 páginas

 

 

 

 

 

1. Este libro se presenta como lo que no es. Lo primero que dice sobre sí en el prólogo es “no soy un mapa, no soy una antología, no soy una bitácora”. Elige en cambio definirse como un “recorrido crítico posible”. La República posible. 30 lecturas de 30 libros en democracia es un recorrido probable, tentativo por la literatura de los últimos 30 años. Así la república de las letras y la república se anudan en una posibilidad que, como ocurre en toda democracia, no es la única, no es tal vez la mejor, no es la que se impone por algún tipo de fuerza, pero es la que de alguna manera resulta elegida, a partir de algún tipo de mecanismo que tiene algo que ver con el consenso.

 

2. Los mapas son siempre mapas de algo (de rutas, de circuitos nocturnos, de consumos). No son una representación total del territorio, son un recorrido posible. Las antologías son justamente eso, una selección que carece de afán totalizador. No son toda la literatura femenina o gay o latinoamericana, son una selección de relatos breves, jóvenes, de terror u organizados por algún criterio. También son una selección posible, un extracto de la entidad mayor con el que se establece una relación de parte a todo. Las bitácoras son un diario de viaje, no dan cuenta de una trayectoria única y obligada pero sí de una experiencia concreta, la de la antología de tal cosa, la del mapa de tal cosa o la de la bitácora que da cuenta de ese viaje y no otro, de ese recorrido hecho que, como experiencia, impone su materialidad y esfuma el mundo de trayectorias posibles.

 

3. El arco de lo múltiple y lo posible es un universo virtual que está siempre destinado a perderse. Se celebra con una euforia tan encantadora como apresurada. Lo posible, lo virtualmente disponible, lo múltiple, es, creo, mucho menos interesante que lo único y lo efectivo, lo que queda cuando finalmente elegimos aquello que se vuelve percepción, placer, lectura, escritura, experiencia concreta. Entre los recorridos posibles, el libro de Diego Bentivegna y Mateo Niro es un recorrido específico, material y concreto por un dispositivo que podemos llamar republicano y que conecta 30 libros (concretos y específicos) con un bloque de tiempo (30 años). Esa experiencia histórica política, social, nacional, se va abordando en cada uno de esos libros y en los ensayos que para proponer una lectura específica y concreta, desechan así todas las demás lecturas posibles. Si los editores lo presentan a partir de una negativa (“esto no es un mapa”, “no es una antología”, “no es una bitácora”) es porque lo que rechazan es el criterio de selección que rige los mapas, las antologías y las bitácoras. Los compiladores se niegan aquí a elegir los mejores libros de los últimos 30 años (aunque algunos de estos 30 sean los mejores libros de los últimos 30 años), se niegan a elegir los libros más representativos (aunque algunos lo sean), se niegan a elegir los libros que integran el canon literario, el contra-canon, la periferia del canon, el barrio cerrado o la villa. Se niegan a elegir los libros.

 

4. Eligen, en cambio, los lectores. Los eligen con todos los criterios de la representatividad: diversidad de géneros y procedencias, de edades y trayectorias. Hay de todo: académicos y escritores, investigadores y periodistas culturales, poetas, críticos, narradores, jóvenes y no tanto. Aventuro que seguramente cumplen con los protocolos sociológicos con los que armar un muestreo del lector profesional. Después de esta selección rigurosa y conspicua, el trabajo está hecho. Este libro no es un mapa, ni una antología, ni una bitácora de libros pero sí podría serlo de lectores.

 

6. La república posible es un mapa, una bitácora o una antología de lectores. Con ellos como material o como variable, Diego Bentivegna y Mateo Niro inventan un modo de recorrer el vínculo difuso que une democracia y literatura, un procedimiento que cubra la brecha siempre problemática que separa el flujo temporal de la historia y la eternidad de los libros. Ese modo tiene una forma específica: la del experimento. Este mapa, esta antología de lectores es un recorrido concreto y específico por 30 libros publicados durante los 30 años de la democracia. Ese recorrido tiene una forma específica: la del experimento.

 

7. El experimento crítico B-M (Bentivegna-Niro) consiste en elegir 30 lectores profesionales y dejar que cada uno construya un pequeño fragmento de una totalidad que cada uno conjetura distinta. A fin de cuentas, ¿por qué la experimentación con los flecos de la lengua o de la experiencia es sólo patrimonio de la poesía o de la literatura? ¿Por qué solamente se puede experimentar, probar, inventar en el campo de pruebas de la política o de la práctica estética? El resultado es una antología desajustada, la bitácora de un vagabundeo, un mapa anómalo, hecho de pedazos de urbes y suburbios.

 

8. La ausencia de tal o cual libro es parte de los límites y riesgos del experimento, avisan los editores como quien dice “no intenten esto en sus casas, el experimento fue conducido por lectores profesionales”. Con eso nos tientan a enunciar: “Yo creo que acá falta, como mínimo, un libro de Piglia, un libro de Saer, un libro de Aira, uno de Alan Pauls, uno de Tamara Kametzain, uno de Diana Bellesi”. Esta es una parte central del experimento: luego de editado, se puede prever con absoluta certeza que los lectores enunciarán lo que falta. Para el éxito total del experimento es importante que mantengan el riguroso protocolo de enunciar esa falta en primera persona. Es importante decirlo así: “para mí faltan estos libros”, “si me hubieran elegido a mí para escribir, yo habría elegido…”

Porque este libro se presenta a partir de lo que no es (un mapa, una antología, una bitácora) y se empieza a leer al revés, desde la última página, desde el índice y para decir lo que le falta. Digo, se empieza a leer como si fuera un acertijo: ¿adivinen cuáles son los 30 libros de la democracia? Bueno, adivinaron mal. Esos no son. Son otros. Siempre van a ser otros. Hagan la prueba.

 

9. El experimento crítico B-N (Bentivegna-Niro) es un modo particular de acceso al reparto de lo sensible: no rechaza la totalidad, propone tantas totalidades posibles como lectores. Expliquemos el experimento: se eligen 30 lectores, cada uno elige un libro con algún criterio porque conjetura una totalidad en la cual ese libro encaja perfectamente. Cada lector profesional que participó de este experimento se imaginó cuáles eran esos 30 libros, cada lector (profesional o no) también conjetura su parte y su todo. Los criterios de selección de cada libro se hicieron con una indicación tan específica como difusa (los editores pidieron a los lectores profesionales que eligieran un libro “significativo”), los criterios de interpretación de la consigna, totalmente diversos pero igualmente firmes (cada lector utilizó un criterio que puede deducirse de la elección y el texto que la justifica). Esto (deducir el criterio con el que cada lector eligió su libro, deducir la totalidad que ese lector imaginó y en el que ese libro encaja perfectamente) puede dar lugar a otro acertijo, incluso podría ser el motor de un nuevo experimento crítico.

 

10. El experimento B-N rechaza el afán totalizador y enciclopédico y su éxito es paradójico: hace proliferar la enciclopedia y las totalidades. Los editores manejan un protocolo de seguridad para el experimento: no lo revelan a los lectores participantes o a los que se incorporan ahora pero esto es un experimento sobre la representación y la representatividad, la autonomía y el vínculo entre estética y política, sobre los protocolos de lectura de varios campos de sentido superpuestos, sobre una hermenéutica de lo significativo en términos individuales y sociales. Por momentos, el protocolo promueve la confusión entre autoridad, azar, ética, profesionalismo, placer, gusto, responsabilidad y capricho.

 

11. Un sumario de los resultados puede producir reportes muy disímiles. Es claro (y nada sorprendente) que el género predominante entre los elegidos es la novela, frente a un pequeñísimo número de libros de cuentos –los de Martín Rejman, Patricia Suárez y Javier Villafañe–, aunque muchas de las novelas practican una suerte de fuga genérica. Hay novelas que parecen diarios (Los años 90, de Daniel Link), diarios que parecen novelas póstumas –Sobre Borges, de Bioy Casares–, novelas que sirven de coartada para la poesía –El affaire Sheffington– o escritas en verso (El Surubí, de Pedro Mairal). La lista de poetas –Borges, Giannuzzi, Perlongher, Padeletti, Inchauspe, Godino, Mermet, Aulicino, Herrera, a los que podría agregarse de manera juguetona, a Mairal y a Skeffington/Moreno– es exuberante, comparada con el lugar que tendría en una antología no experimental. Hay autores más o menos canónicos –autores, que siguiendo lógicas muy diferentes, no sorprende encontrar— desde Giannuzi y Perlongher hasta Fogwil, David Viñas o Arturo Carrera – y otros más inesperados por ejemplo, porque cultivan la literatura infantil y/o juvenil –Andruetto, Villafañe–. Por supuesto están los malditos, los reventados, los abyectos –otra vez Fogwill, Jorge Barón Biza, Julio Llinás–. Incluso hay inclusiones desacompasadas: dos autores, Borges y Cortázar, que cierran el canon pero que por rigor cronológico se suman con dos obras que podrían llamarse laterales (Los conjurados y Los autonautas de la cosmopista).

Algunas cuestiones insisten en los textos y en las lecturas: la herencia de la dictadura, Malvinas, el genocidio, la lucha armada –Fogwill de nuevo, Gamerro, Matilde Sánchez, Eugenia Almeida– y también otras herencias que giran alrededor de la lengua, la migración y los linajes familiares –María Teresa Andruetto, Hebe Urhart y Patricia Suárez pero también y de otro modo, Carrera y Barón Biza–. Otros bloques de motivos podrían sean la crisis del 2001 (en textos contemporáneos como El trabajo de Aníbal Jarkowski o incluso en novelas que la anticipan como El aire de Sergio Chejfec y en muchos otros que la evocan de diferentes modos) y las transformaciones de la subjetividad en relación con los medios, la cultura de la imagen y la tecnologías de comunicación –Link, Sánchez y otra vez Fogwill–.

 

12. Pueden sacarse conclusiones más o menos justificadas por los datos recolectados: un autor abre la lista de los 30 libros, un único autor tiene dos libros en esa lista (Los pichiciegos y Vivir afuera), su nombre se repite en otras formas de ordenamiento. El enigmático término “significativo” no logra aclararse luego de repasar la lista pero está definitivamente ligado a Fogwill. Pueden sacarse otras conclusiones más estrafalarias y provisorias que tendrían que ver con qué libro abre o cierra una década. Tal vez esto pueda ser motivo de un experimento futuro. Lo cierto es que los resultados materiales del experimento B-N son una serie de textos profundamente distintos, en su tono y en su estilo, en lo que privilegian de cada libro elegido (y las razones para elegirlo), también en las formas de articular la política y los libros o de disolver la experiencia estética sin mediación alguna en el campo de lenguajes y prácticas, las intervenciones, utopías y traumas, duelos y celebraciones que atravesaron la experiencia política de la democracia republicana.

 

13. El resultado del experimento crítico es este libro, La república posible, que reúne, con rigurosa cronología, una serie de fragmentos –de textos críticos que hablan de los libros elegidos–. Son fragmentos (los libros y los ensayos que componen este libro) que surgieron soñando una totalidad por venir, en un futuro posible, conjetural (el de la literatura argentina de los últimos 30 años, el de los 30 libros seleccionados). El futuro real, el que ya llegó y se materializa efectivamente, en este libro es distinto. Por suerte, ocurre aquí lo mismo que ocurre con la literatura o con los experimentos (estéticos, literarios, visuales o críticos): no coincide con lo que esperamos y así nos sigue sorprendiendo.

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