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Introducción a La paradoja antropológica

El filósofo y ensayista nos introduce en el libro de Massimo de Carolis (Quadrata, 2017) y nos invita a reflexionar sobre la figura contemporánea del animal paradojal.

DeCarolisTapa

Aun si viniera tan sólo a darnos una nueva figura de la condición humana, el libro de Massimo De Carolis, cuya traducción presentamos a los lectores de habla hispana por primera vez, está destinado a ocupar una referencia insoslayable en la antropología filosófica y la teoría política contemporáneas. Pero no viene sólo a eso: a sumar la imagen del animal paradójico a las muchas otras que proliferan al menos desde Aristóteles en adelante. Porque lo que el filósofo italiano forja en estas breves pero densas páginas, tiene la fuerza proteica de un esquema generador de imágenes, capaz de dar cuenta de muchas otras, que gozan de justo prestigio en la tradición.

En especial aquella del alto Pico, que no casualmente oficia de epígrafe del capítulo 1. Y si para el pensador del renacimiento – interregno por antonomasia – , la dignidad del hombre se cifraba en su capacidad para trazar sus propios límites dentro del mundo abierto a su contemplación, para De Carolis, en este tiempo recurrentemente concebido también como crítico, propio del animal paradójico es tensar los extremos a los que se debe, que según los términos del autor lleva a “exponerse a la infinita contingencia a la que da acceso nuestra constitución biológica…y, viceversa, protegerse de la incertidumbre y del peligro asociados con esta contingencia ilimitada”.

Pero si esta descripción es reconocible, como esquema o estructura, detrás de muchas otras, – desde Aristóteles a Heidegger, pasando por perspectivas y tiempos tan diversos como los de Pico della Mirandola, Inmmanuel Kant y Jacob von Uexküll, como el lector apreciará al avanzar en la lectura del libro -, debemos acertar con la conformación precisa que adquiere en el presente, de modo que nos provea de una clave para comprender cómo se da en nuestras formas de vida, la imbricación mutua de lo biológico y lo cultural, de lo individual y lo social.

Y este es quizá el mayor logro de De Carolis, al ofrecernos, desde una perspectiva “naturalista”, la figura contemporánea del animal paradojal. “El mundo contemporáneo es adecuadamente descriptible como un mundo de nichos” nos dice, más que de naciones o pueblos. ¿Por qué, cabe preguntar, la situación contemporánea empuja al antrophos a tal extremo: el de reducir y homogeneizar el mundo como nicho, justo cuando la tecnociencia convierte a todo individuo en protagonista potencial de un globo vuelto ilimitado? Precisamente por ello, porque la exigencia de límite y protección aumenta su imperiosidad, ante la intemperie de un mundo demasiado abierto.

De Carolis inscribe su diagnóstico en relativa continuidad con la antropología filosófica “del novecientos”, dentro de la cual se destaca la Summa heideggeriena. “Relativa” porque el filósofo italiano retiene sólo algunos de los rasgos de esa antropología, cuyo sentido invierte, tanto en el plano antropológico como en el político, acentuando la potencialidad naturalista de la que renegaron sus principales referentes. El rasgo primordial, que continúa en su papel de punto pivote, es la centralidad del lenguaje en las investigaciones sobre la “naturaleza humana”, pero como digo, en clave naturalista.

Por ello, nuestro autor rastrea la condición paradojal hasta la organización psíquica prelingüística, para reencontrarla, no sólo en las estructuras del lenguaje, sino también en los mecanismos de la organización psíquica y social. Como el lector descubrirá, los dispositivos de la disociación alcanzan para De Carolis un papel estratégico en el desciframiento de nuestra manera de hacer consistir, en el presente, la condición paradojal originaria. Sobre este terreno movedizo, de fronteras lábiles entre lo biológico, lo psíquico y lo social, se proyecta una de las principales hipótesis del libro, con la que se cierra el capítulo 2. Según la misma, “mientras las instituciones modernas entraban naturalmente en resonancia con la represión de las pulsiones correlativa al despliegue de las leyes simbólicas, se diría que en cambio los retículos sociales postmodernos se acoplan preferentemente a los mecanismos disociativos, desplazando así la interpenetración a un plano más profundo y esquivo, que parece hacer de cremallera entre el nivel simbólico y el subsimbólico”.

En la comprensión y valoración de la peculiaridad de la condición posmoderna, encontramos destacables riqueza y originalidad en la perspectiva de De Carolis, tanto por el método utilizado como por las implicancias políticas que de su aplicación extrae el propio autor. En cuanto al método, adopta “como punto de partida el momento más general y abstracto, que hace de fondo indiferentemente a todos los ámbitos fenoménicos que hemos de examinar, esto es la indistinción entre hechos y representaciones”.

Esta indistinción, – que el autor estableció previamente como efecto esencial del mecanismo disociativo en la organización psíquica prelingüística -, la reencuentra potenciada en los dispositivos tecnocientíficos que dominan las prácticas sociales de las sociedades contemporáneas. Así, de la ontología a la psicología y a la sociología, De Carolis nos conduce, a través de estudios específicos sobre el juego, las prácticas rituales y la dimensión performativa del lenguaje, al horizonte en el cual su inquisición se torna estratégica, que cabe determinar a la vez como ético y político.

Pero si es posible ensayar una nueva consideración sobre la política en el seno de lo que se manifiesta como una crisis civilizatoria, que no nazca del prejucio y de ideologías carentes de potencia crítica, es porque previamente se cuenta, como decíamos, con una imagen poderosa, como es la de ese peculiar animal paradójico que somos. Preguntémonos entonces, dónde, cómo, por qué se origina la paradoja.

Massimo De Carolis nos da suficientes elementos para construir nuestro relato al respecto. Nacemos a la paradoja porque nuestra eficacia causal es función de una normatividad que, para ser operativa, requiere de nuestra propia capacidad para cumplir o cancelar la norma. Si se retiene el peso estratégico del lenguaje, la razón es que es en el lenguaje, justamente, donde esta capacidad alcanza su concreción básica y esencial. Remontando el camino filogenético, diremos que si la especie humana sobrevivió y se desarrolló, fue porque aquellos individuos ancestrales se acomunaron y se comunicaron; en el contexto ontogenético, por otra parte, se verifica que si el infante sobrevive y alcanza el status de lo humano, es porque logra soldarse en él su pobre eficacia causal natural, con la fuerza de la regla, fulcro de la potencia lingüística.

Pero si nuestra potencia causal queda supeditada a nuestra propia normatividad, ¿cómo podríamos discriminar entre lo normal y lo patológico, sea en la regla, sea en su aplicación? (Se reconocerá en este tópico el legado wittgensteiniano, que De Carolis tiene muy presente, desde el Tractatus – a cuyo estudio le dedicó una monografía específica – a las Investigaciones, obra en la que el problema del seguir una regla y su proyección a la cuestión de si es posible o no concebir un lenguaje privado, es plenamente desarrollado).

Reconocemos el nudo de esta problemática, cuando el filósofo italiano destaca que para el animal paradójico, todo y nada pueden ser igualmente significativos; que antes de la norma, ruido y señal se confunden. Ahora bien, no habrá ni ambiente ni mundo donde esta discriminación no sea operativa. Pero, precisamente, puesto que para el humano tal discriminación depende de su potencia normativa, igualmente capaz de producir el caso normal tanto como el patológico, su universo de sentido no se cierra sin abrirse; no se estabiliza sin exponerse a la amenaza de su cancelación repentina; no triunfa en el establecimiento y mantenimiento del sentido, sino admitiendo una y otra vez la perenne fragilidad de la norma, cuya certeza es concomitante con su propensión a fallar, lo que posibilita a su vez la creatividad más favorable, y la perversión más aberrante.

Frente a este panorama, se vuelve urgente interrogar cómo deben ser nuestras prácticas políticas, cuáles nuestras instituciones, tales que en su dinámica real consagren esta ambivalencia paradojal de lo humano. El peligro inminente en todo tiempo y lugar, parece haber sido eliminar la paradoja por la vía de regímenes que consagraron la sumisión de la mayoría al grado mínimo de capacidad causal y normativa, mientras sus élites concentraban el poder sobre las condiciones materiales que favorecieran la realización y el gozo de lo humano para sí mismos, regulando el lazo social a través de su propia distinción entre lo normal y lo patológico, lo legítimo y lo ilegítimo, lo elogiable y lo condenable.

Y bien, Massimo De Carolis nos propone pensar la peculiaridad de nuestro tiempo según el régimen a partir del cual hace frente a la paradoja. Y este régimen, con el dominio planetario del modelo neoliberal potenciado por la difusión de los dispositivos tecnocientíficos en todos los intersticios de las diversas formas de vida – así uniformadas -, muestra su idiosincrasia en el modo inconsistente en que trata de lidiar con la paradoja.

Por ello, el giro decisivo que nos propone el libro en el terreno del anudamiento antopológico-ético-político, es el de la valorización positiva del pluralismo democráticoa partir de la condición paradojal del antrophos, como la oportunidad contemporánea de estar a la altura teórica y práctica de sus exigencias. Aquí se opone De Carolis a la concepción antropológica de Gehlen y a la concepción política de Schmitt.

En estos días en que asume la presidencia de los EE.UU. el proyecto político que expresa y encabeza Donald Trump, no puede ser más oportuno y esclarecedor el modo en que este pluralismo es auspiciado en las páginas de De Carolis, al remitir a los análisis de Michael Walzer en Qué cosa es ser americano, pero más aún, al retornar positivamente a la idea de democracia creativa de John Dewey. (Si nos permitimos valernos de la lectura de De Carolis para interpretar el triunfo de Trump, diríamos que el mismo representa un retroceso peligroso en el camino hacia el ideal de la democracia creativa, al cortocicuitar, en un sentido más bien moderno,demasiado moderno y “schimittiano”, cultura, política y nación).

Que la dinámica de la paradoja en el presente, agudiza su dimensión trágica en la impotencia “del sistema” para inclinar la balanza a favor de la libertad creadora del pluralismo democrático sin poner en riesgo su propia estabilidad, se verifica, no sólo en el progreso de los capítulos del libro al que nos introducimos, sino también en las actuales investigaciones de Massimo De Carolis. En efecto, su última obra, cuyo título elocuente es Il rovescio della libertà. Tramonto del neoliberalismo e disagio della civiltà - que se edita por estos días en Italia -, precisamente se aboca a desentrañar el punto ciego del neoliberalismo, del que emerge su fracaso para dar cuenta de las condiciones paradojales expuestas en la obra aquí presentada.

Pero sin lugar a dudas, abordar sin prejuicios el estudio y la valoración del modelo neoliberal en el contexto de nuestra crisis civilizatoria, requiere previamente esclarecer las condiciones estructurales permanentes de la que en gran medida da cuenta De Carolis en las páginas que siguen, en explícita convergencia con otros pensadores de la “italian theory”, -según expresión de unos de sus representantes, cual es Roberto Esposito -, filósofos como Paolo Virno, Franco Rella, Giorgio Agamben y el propio Esposito, por nombrar sólo algunos.

Para terminar, consignemos el programa que nos deja abierto esta obra, en la que en apretada, amena y clara síntesis, se dan cita conplejísimos problemas de la tradición filosófica, la psicología, la sociología y la política: “Se trata, en efecto, de comprender si la emergencia de la dimensión antropológica primaria, que las nuevas tecnociencias vuelven al parecer ineludible, debe inexorablemente imponer la sumisión de toda experiencia política a la reproducción optimizada de la vida natural, como toda la antropología filosófica europea nos ha enseñado a temer; o si esa emergencia puede descubrir las condiciones de una esfera pública diferente, en la que una red fluida y creativa de distinciones y diferencias soporte en gran parte el peso de la decisión política, sin el recurso a una escisión horizontal entre la sociedad y el Estado. Si es en estos términos que la humanidad del presente es impulsada a medirse con la paradoja antropológica, es presumible que sólo una identidad psíquica que haya aprendido a convivir con sus posibles formas de escisión pueda ofrecer una contribución positiva a este desafío”.

 

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