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Poesía inédita

La autora de La vida en los techos (Colectivo Semilla, 2017) y Un dibujo del mundo (El ojo del mármol, 2014, y Ediciones Liliputienses, 2015), entre otros libros, comparte con nosotros tres poemas inéditos.

 

 

Estoy adentro

de un gigantesco globo de helio

flotando a unos pocos metros

de las flores silvestres que nacen en la zona.

Dentro de unos minutos veré

la negrura sin fin aunque sea de día.

¿Cómo se llama esa parte del cielo

donde no llegan los colores?

 

 
Subo lentamente al cielo con la energía de la ansiedad rozando

mi epidermis. El azulceleste se va oscureciendo : capa sobre capa

sobre capa sobre capa me voy encerrando en la esfera milagrosa

: doble movimiento: me alejo : me acerco : yo soy esto que flota :

consigo mismo : un pez fosforescente. Un pez alado que escribe

una postal a los ríos que pasan armando carreteras de corales y

piedras verdosas. Le escribo a mi madre en el Eastern New Mexico

Medical Center, conectada a un respirador artificial; le escribo también

a la máquina que la mantiene viva. Veo a lo lejos las altas secuoyas

como rascacielos balanceados por la ventisca del invierno, a la textura

de las rocas del Gran Cañón les escribo. A los arbustos que reviven

después de llover y al olor escondido en la tierra húmeda de los bosques.

Alejo al pájaro que cada mañana a mi balcón trae fortuna, a mi ropa de

lana y al fuego que encendí ayer con la última leña; me alejo del café

negro hirviendo en la cocina, del beso de mi mujer y de mis zapatillas

de correr cuando escucho Space Oddity. Escucho la música del mundo

mientras subo, es el ruido a madera quebradiza que hacen los planetas

al girar. Todos los puntos que hay en el espacio forman una red sutil ,

y perderse es algo inaudito. Podríamos, inconscientes, arrojar nuestros

cuerpos sobre ella y ser atrapados como un cardumen antes de morir.

 

 
El globo fabricado con los materiales más resistentes

es un capullo blanco, móvil y delicado, para dormir siestas

de 15 minutos luego de almorzar píldoras de espaguetis.

Me siento bien en los lugares pequeños, arrullado en una

barcaza que flota en las olas del sistema solar a la vez

que en la Tierra cientos de manos se agitan, como banderas,

para desearme suerte en ésta, mi primera misión espacial.

 

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