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Colegio San José

El autor de Temperley (Subpoesía, 2011) y Tokio (Caleta Olivia, 2016), entre otros libros, comparte con nosotros tres poemas inéditos.

 

Facultad de Ciencias Sociales

Volví a caminar por la facultad
después de más de diez años
y descubrí que ya no están los carteles
de todos los colores
el pequeño Hong Kong de peronistas
trotskistas, humanistas, radicales
ya no están
los andamios y las vigas como frutos
a punto de caerse
y ya no es posible
posar la mano para sentir
cómo laten las paredes
la clase obrera no viajó al paraíso
no bajó del cielo
nuestra Evita montonera
Sabrina va a ser mamá, Jésica
es secretaría de una vice-ministra
y a lo lejos
casi no escuchan los megáfonos
las consignas y canciones
nuestra alegría de zapatillas
saltando sobre el asfalto
pero, ¿qué fue lo que pasó?
¿en qué momento
nos subimos a este micro?
No hubo ningún accidente
no ocurrió ninguna catástrofe
y ahora escucho, con toda claridad
el sonido templado de los frenos:
Caronte anuncia
que todos los pasajeros deben descender
y yo no sé
a dónde fueron a parar
nuestros graffitis y aerosoles
folletines y pancartas
y qué fría que es
la luz de esta tarde
mientras una parte de mí
se pierde para siempre.

 

Colegio San José

Puse a calentar
la chapita del encendedor
dada vuelta, contra su propio fuego
para después hundirla sobre mi mano
y dibujar con su forma una sonrisa
lo más parecida posible al logo de Nirvana.

2001, Colegio San José
tenía quince años y Kurt Cobain
radiante como un edificio
en plena demolición
era el póster del placard
de mi corazón aturdido
¿y cómo no escuchar
en su voz el aullido de los lobos
de los raros, de todos los que resignan
capas y capas de su propio deseo
hasta quedar puro hueso
con tal de encajar?

¿Iría a los tumbos, por la casa
Cobain desorientado como un fantasma
llorando por los rincones?

¿O habrá sido un espectáculo
a la vista de todos e incontenible
transmitido en directo desde la pared
como el avance de una mancha de humedad?

¿Se habrá sentado a esperar, como un emperador
en su trono, con la mano firme
sujeta al cetro de la gran decisión ya tomada?

¿Dónde estaban
los conductores de MTV, sus micrófonos
y cámaras, la Revista Rolling Stone
Courtney Love, Dios, Dave Grohl
cuando un pájaro huyó de su árbol
al escuchar
el estallido de la escopeta?

 

Mi experiencia con la Muerte

Cuando tenía 18
murieron, con un mes de diferencia
primero, mi abuela Haydeé.
Después, mi abuelo Manuel.

Unos años después, murieron también
mi abuela Paula y mi mamá.

Tengo 31 años
y siento que conozco
la experiencia de la Muerte
el lento o vertiginoso
declive por el que caen los cuerpos
como caen las piedras en la montaña
hasta que encuentran, por fin
un nuevo punto de reposo.
Quiero decir, conozco
la sirena de la ambulancia
los semáforos en rojo
el amor de las enfermeras
la frialdad de los doctores
las manivelas
que suben y bajan camas
las sábanas, las bandejas de plástico
los horarios de visita
el kiosko abierto las 24 horas. Pero
a pesar de todo, todavía hoy
ante el menor indicio de malestar
en mi mismo o en un ser querido
corro como un conejo hipocondríaco
hasta el centro de asistencia más próximo
con el carnet de la obra social en la mano
y la camisa abierta, al borde del colapso
como si en realidad no hubiese aprendido nada
de todo aquel tiempo en los hospitales
de mi vasta experiencia con la Muerte.

 

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