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Habeas Sonus: puntos de partida y derivas

Mariano Speratti es actor y director, y participó, entre otras cosas, en la obra Mi Vida Después, de Lola Arias.

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1977. Lanzan al espacio la nave Voyager, que transporta una sonda en cuyas entrañas metálicas hay un compilado con saludos en 56 idiomas, músicas del mundo, una hora de sonido de las ondas cerebrales de la mujer de Carl Sagan, y 116 fotos de la vida en la Tierra. Estiman que dentro de 40.000 años, al pasar por la estrella más cercana en la trayectoria de la Voyager, alguna especie extraterrestre encontrará esa caja negra de la humanidad.

2018. 39.959 años antes de que eso ocurra, en el Parque de la Memoria, atrapados en un loop, un grupo de chicos y chicas del futuro están desenterrando un objeto que contiene sonidos de un pasado anterior a ese objeto.

2076. Esos chicos provienen  de una cultura que ha decretado el cese de hostilidades visuales. Pertenecen a algún tipo de oficialidad. ¿Obedecen a alguna superioridad adulta?

El desentierro se produce en las instalaciones de un parque repleto de íconos, cuya presencia desdibujada se corporiza solo ocasionalmente, emitiendo o reverberando sonidos remotos e ignotos en la inmensidad del parque, disolviéndose en la omnipresencia del río.

1976. Los sonidos contenidos en aquel objeto provienen de publicidades de una dictadura que tuvo lugar cien años antes.

¿Acaso esos chicos y chicas oyen la sangre que corre en las palabras y los sonidos cuyas imágenes han sido sustraídas?

¿Qué les dicen esas palabras de diseño? ¿Cuál es el impacto físico y emocional de los sonidos y  músicas de esos discursos en esos cuerpos sin experiencia directa ni cercana de aquella época?

¿Qué pulsión los lleva a desenterrar el pasado? ¿Con qué herramientas lo interpretan?

Los niños llevan puestas unas lentes que los protegen de las imágenes.

2016. Parque de la Memoria. Una pareja está sentada en uno de los bancos de cemento junto al muro con los nombres de los desaparecidos. Desde allí puede uno contemplar los miles de nombres y apellidos, ordenados por años, en orden alfabético, con los detalles de la fecha en que desaparecieron y la edad que tenían en el momento en que se detuvo el tiempo. Desde la pareja emana una música, un tema pop de los 80 que sale de un celular. Se les acerca un guardia de seguridad del parque y les solicita que bajen el volumen. ¿De qué lugar vienen esos tres? ¿De qué tiempo? ¿Qué leen, cómo decodifican eso que ven? ¿Y si soy yo el que está fuera de su tiempo y lee todos esos signos de una manera antigua, entre seres que ya no pueden verlos si no como ruinas ilegilbles de un remoto pasado que ya no les dice nada, solo pasado?

2056. Teatro Colón. Un holograma 3D de Al Pacino lee fragmentos del Nunca Más en inglés.

2017. Me interno progresivamente en el vasto universo de lo sonoro. Necesito guías. Leo  Resonancia Siniestra, de David Toop, el músico inglés que reivindica la percepción sonora por sobre la hegemonía de la visual.

2010. David Toop escribe: (la escucha) es un acto que nos acerca a lo que no somos, al mundo paralelo de lo sobrenatural. (…) no existen los “meros sonidos”, sino un mapa de la memoria entre muchos, una combinación profundamente detallada de la escucha con el conocimiento local, arrastrada a la conciencia por un viejo ciego que perdió muchas conexiones con el mundo.

2017. Parque de la Memoria. Me concentro en sus sonidos: los cantos de los pájaros, el río rompiendo contra las piedras de la esplanada, el chillido de un gavilán, el ladrido de un perro que trota en la lomada, los aviones llegando al aeroparque, el zumbido permanente de los autos a lo lejos, las voces de los pibes en el río. Todo conforma una banda sonora propia, que no da indicios del carácter monumental y simbólico del parque, y sin embargo rebervera en cada placa, en cada piedra, y en el propio cuerpo, que es como una antena de transmisión.

Siglo I a. C. Virgilio, en la Eneida, citado por Toop: Eneas ve “un sinnúmero de razas y tribus de hombres, como abejas en un panal en un claro día de verano, posándose en las flores coloridas y agolpándose alrededor de las resplandecientes lilas blancas mientras toda la llanura es invadida por el sonido de sus zumbidos”. Estremecido por la escena, Eneas le pregunta a su padre, Anquises, quiénes son ellos, estos ruidosos, zumbando como abejas humanas. “Son las almas a quienes el Destino les debe un segundo cuerpo”, responde Anquises.

2010. Es de noche y estoy junto a la cama de mi hijo de seis años acompañando su último tramo de vigilia, allanando el camino al sueño con la lectura de un cuento. Mi hijo empieza a preguntar sobre su abuelo desaparecido. ¿Quiénes lo mataron? ¿Cómo lo mataron? Cierro el libro y balbuceo en busca de nuevas palabras para que ese cuento de miedo no le robe el sueño. Yo aquel que en otro tiempo modulé cantares al son de la leve avena…

2016. Busco en las posibilidades de los archivos como materia prima del trabajo. Concluyo que trabajar a partir del campo sonoro puede proveer un campo de acción más inexplorado. Necesito distanciarme de las imágenes. Estoy demasiado formateado por ellas. Buscar alguna clase de inmaterialidad. Las imágenes han sellado una serie de sobreentendidos. Las sonoridades  aportarán, tal vez, una forma de revitalizar las aproximaciones a las formas de la memoria. Me permitan, acaso, salir de mí y de algún modo rodear de otro modo las preguntas que me hago: ¿cómo leerán los que vengan en el futuro el corpus de la memoria? ¿Qué preguntas traerán? ¿De qué manera incomodarán el status quo del sentido común? ¿Cómo recibirán las transmisiones de los que los antecedan? Pienso en las voces grabadas. Escuchar una voz grabada trae a la persona de un modo contundente, es como un acto de médium haciendo presente al espíritu que golpea tres veces para señalar su presencia. Doy con algunas publicidades de la dictadura. Primero, las más conocidas, las que me resultan familiares, parte ineludible de la educación sentimental de los niños criados en los setenta. Vuelvo a encontrarme con muchas de ellas después de tanto tiempo. Cierro los ojos, momentáneamente borro las imágenes. Escucho con el cuerpo, y más allá de las palabras.  Esto que siento ahora, ¿es lo que sentía entonces? Una cajita de congoja que libera lo que tenía adentro, muchas sensaciones que se expresan en imágenes fugaces que al deshacerse dejan una pátina de colores desteñidos de amaneceres catódicos. Y no son las imágenes de esas propagandas. A esas solo las veo desde acá en el tiempo, pero los sonidos, las voces, las músicas, me comunican algo más. ¿Ese sonido es recuerdo? Quiero decir, ¿es memoria? ¿Cómo percibe esa sonoridad un cuerpo que no se ha nutrido con esa papilla en su infancia?

1922. Virginia Woolf: “En lugar de recordar por un lado una escena y por otro un sonido, enchufaré algo a la pared y escucharé el pasado. (…) Siento que una emoción fuerte debe dejar su huella…”.

2017. Apuntes:

Huyssen: “convertir la memoria personal, la memoria de los objetos en conocimiento histórico”.

Una caja negra que contiene cielo, estrellas, una noche en el campo, el paso del tren, grillos, voces lejanas, recuerdos, y los fantasmas de noches blancas, el olor del miedo transformado en sonido, la música de la supervivencia, la banda sonora que reconstruye el mundo que se ha perdido.

Una audioguía del futuro.

Interferencias sonoras que son en realidad túneles de tiempo y por instantes comunican mundos futuros y pasados.

La memoria necesita siempre de alguien que haga preguntas. Cuando nadie las haga, sobrevendrá el olvido.

¿Cómo es el sonido de la memoria?

 

*

Habeas Sonus es el nombre de la video instalación sonora de Mariano Speratti que se puede visitar hasta el 27 de mayo en la sala Pays del Parque de la Memoria. En la entrada al parque y a la sala se puede además acceder a través de los celulares a los audios de Memoria, Banda Sonora Original. Ambas obras forman parte de El Futuro de la Memoria, proyecto organizado por el Goethe Institut, para el que convocó también a los artistas Gabriela Golder, el grupo Etcétera, y Marcelo Brodsky.

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