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La poesía en común

El crítico y escritor lee, con sutileza y erudición, Poemas pendientes (Alción Editora, 2010) del poeta Rodolfo Alonso.

 

    Poemas pendientes
    Rodolfo Alonso
    Alción Editora, 2010
    Universidad Veracruzana, 2011
    101 páginas

 

 

 

.

so much depends
upon

a red wheel
barrow

glazed with rain
water

beside the white
chickens

(tanto depende de una carretilla
roja

mojada con agua
de lluvia

junto a las blancas
gallinas)

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Lo pendiente

La clave de este célebre poema de William Carlos Williams, antes que el objeto presentado, es el inicio: so much depends Es evidente que el verbo to depend proviene del latín dependere, que significa literalmente “estar colgado”, “pender”. Del mismo modo que pendiente proviene de la misma raíz: pendere también es “pender”. Tanto la palabra depender como la palabra pender hablan aquí, creo, de la temporalidad. La idea de que el poema depende y pende del tiempo. Los Poemas pendientes de Rodolfo Alonso son poemas que fueron escritos en el curso del tiempo, como si hubiesen sido arrancados a la vida. “Los poemas me ocurren”, dice Alonso. Creo que esta ocurrencia está relacionada con ese hecho de lo que está pendiente: el poema siempre pende del tiempo que transcurre y, a diferencia de otros poetas que parecen escribir contra la temporalidad incluso como una crítica del poema aurático, Alonso parece considerar la belleza como inmediata y hacedera. Es decir, pendiente del tiempo que ocurre, que transcurre y, de algún modo, como un fruto asequible, pendiente de él.

Por eso en su poesía “la palabra fuente / fluye“. Aquello que suele fluir es el tiempo, pero en Alonso el tiempo del instante es lo que parece estar entre paréntesis al situar la palabra allí y, en cambio, la palabra conserva el acontecer, la ocurrencia de la vida.

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La vida

La vida es el espacio donde la poesía de Rodolfo Alonso tiene lugar. “Tú confirmas la vida con tu voz” escribió en su primer libro. La vida confirmada en la voz es para Alonso la voz poética. “La gran vida” es el título de un poema de su segundo libro. La gran vida es para Alonso esa suplementariedad, esa exageración de lo vivido que se halla en los hechos transfigurados en el poema. “La vida no da más de lo que se le pide” escribió en el tercero. Y lo que Rodolfo Alonso le pide a la vida es el poema. Escribió otro libro llamado Señora Vida y tituló su antología española de 1952 a 2008: La vida entera. No me parece un lugar común ni una casualidad. La noción de vida lleva el poema de Alonso al acontecimiento. Aquello que acontece, lo que está pendiente del tiempo, se transforma, por vía poética, en un acontecimiento. Por eso su poesía produce un curioso efecto: los poemas parecen a la vez un artefacto, es decir, un objeto más agregado al mundo donde el artificio es ostensible −es decir, se halla alejado de la vida− y a la vez tienen el aire casual de aquello que simula un jirón del mundo, un fragmento dicho al pasar, como si fuera un diario −lo periódico, la circunstancia elevada a una categoría epifánica−. La vida es lo que acontece y como tal se transforma en una presencia insoslayable que el poeta, de pronto, ve. Y así hallamos un poema que alude al primer verso del poema de Williams, “So much depends“. Y dice: “Una mañana, aún. / Y el mediodía / luminoso y dispuesto. / La vida es un convite / que se deja a disgusto“.

En la vida aparece lo esperado: “La vida no es tan mala / Volvió mi gato gris“, escribe. El poema se llama “Lumbre“. Es decir, señala lo que aparece bajo la luz, y esa luz es la luz poética. Una aparición milagrosa −epifaino en griego−. Lo cual significa que lo que depende y lo que está pendiente es el tiempo que se transforma en epifanía. Y que esa epifanía tiene lugar en el arte, en el poema. O acaso magistralmente en el arte literario, por ejemplo en la literatura de Arlt. El gran poema “Ocúpense de Arlt” es un ejercicio de memoria personal y a la vez un reclamo de memoria colectiva. Lo que está pendiente aquí es la autoconciencia de la vida. La vida pende cada vez que el poema la convoca y a la vez la transforma, como si el poema fuera su traducción en una lengua extranjera.

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La traducción

Rodolfo Alonso es un gran traductor en tanto poeta. No quiero decir que es un poeta traductor, como todos sabemos. Sino que la poesía es la traducción de lo cotidiano a otra lengua. Y que esa lengua suena al mismo tiempo como una lengua extranjera y como una lengua propia. Por eso en la poesía de Alonso aparecen tanto los poemas traducidos como los poemas en una lengua ajena. O el momento en el que la fluidez del español parece estar al borde de transformarse en otra lengua. Pero esto suena como un fenómeno rítmico: como si en el ritmo mismo de la lengua, en su escansión, de pronto se derivara a otro idioma. Esto es claro en el poema “Se me lengua la traba“:

L´amour fiore violenta und delikaten
si spegne in all our ways nos nossos dias

because il sentimento la passione
the darkness of the soul la fanciullezza

mourir de amor amare da morire
the lover´s death is the beloved cuore

meine kleine andoriña ich liebe
tú fiore violentissima klenicka

O un poema escrito en su otra lengua materna, el gallego: “Carne do sol“.

La lengua invierte su trabarse en el fluir vital de los idiomas, como si se entrecruzaran, se entremezclaran. La poesía es para Alonso, más que la pluralidad de las lenguas, una lingua franca de lo plural, donde la vida se traduce en epifanía.

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El decir

Por ello la poesía en Rodolfo Alonso es ante todo un decir. El poema “Es un decir” dice: “Arar el mar / por no amar / el arado“. Cuando Alonso remonta la vida, no lo hace como un romántico sino como alguien que ha pasado por las vanguardias. El poema toma el decir cotidiano, y tal como Duchamp había arrancado el mingitorio de las ruinas de un baño y lo había transformado en un ready made, en un arte recién hecho, Alonso toma las palabras −sobre todo el carácter oral de lo dicho, el momento en el que la palabra irrumpe como decir− y las descompone rítmicamente para transformarlas a la vez en juego y en revelación. Alonso juega con el decir, somete el decir a lo dicho como un objeto extrañado y a la vez arrancado a la vida: en el decir, la epifanía pendiente de la vida traduce lo poético a un lenguaje común. Cuando digo “común” no digo ordinario, sino comunitario. La ligereza de la poesía de Alonso responde al carácter de que se asume como decir comunitario y compartido en una lengua comprensible por ser común. Y este decir cree en su inocencia pero no en su ingenuidad. Para Rodolfo Alonso la poesía es una forma de la resiliencia.

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La poesía como resiliencia

La resiliencia fue definida como una poderosa capacidad para resistir al dolor. Y el ejemplo de esta resistencia a la adversidad es el salmón. La “Oda a la resiliencia” dice:

En alas del salmón
vuelve la vida

El amor del salmón
¿él lo lleva? ¿o se lleva?

En alas del salmón
la vida vuela

Las fuentes se conquistan

El poeta tiene el lugar del salmón que se sitúa, si no lejos del tiempo, en su fluencia, pero a contracorriente. Aquí encontramos el lugar del poema como resiliencia: la epifanía es un retorno de la vida, pero en alas del salmón −es decir−, del poeta y su poema. Allí la vida, como decía Platón de la poesía y le gustaba repetir a Borges, se transforma en la poesía, que es “liviana, alada y sagrada”. A contracorriente del dolor, la poesía no sólo se escribe después de Auschwitz, sino, como afirmaba Benjamin, se vuelve redentora. Lo que redime el poema es el dolor en su resiliencia. No lo niega ni lo vuelve trivial: lo nombra otra vez. La resiliencia es resistencia. Y ello, en tanto afirmación de la vida, corre peligro de muerte. Así dice la dedicatoria de este libro:

A la memoria de
HERMAN KOEHLER,
director de la filial de Stuttgart
del Deutsche Bank y miembro del
Consejo de Administración de Daimler-Benz,
único integrante de la dirección
que ofreció resistencia
a la utilización de mano de obra esclava
que convirtió a las fábricas del Reich
en campos de concentración
y trabajo forzado,
condenado a muerte por ello
y ejecutado en 1943.

Allí donde la historia ejecuta, el poema, en tanto posterioridad, no situado en la actualidad sino en el “después” que se vuelve el “aún” (“Auschwitz, aún“), allí el poema redime en su decir los hechos traumáticos. Lo hace como una traducción de la vida en epifanía, palabra encontrada, recién hecha, común y al mismo tiempo atesorada: tesoro pendiente, don pendiente de ser descubierto al abrir como por azar un libro de poemas, cualquier página de Poemas pendientes, poemas que dependen de nosotros mismos para ser de nuevo, como una tarea en común. Por eso ante la poesía pendiente, como Alonso predica de Arlt, hay que ocuparse. “Ocúpense de la poesía”, dice Rodolfo Alonso: es decir, ocupémonos de nosotros mismos.

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