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Voces de nadie

La obstinación de la escritura (Postales Japonesas, 2013) es un libro colectivo atravesado por la reflexión crítica sobre el lenguaje y la experiencia poética, que a su vez acomete el pensamiento filosófico contemporáneo.

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    La obstinación de la escritura
    Gabriela Milone (comp.)
    Prefacio de Emmanuel Biset
    Postales Japonesas Editora, 2013
    188 páginas

 

 

 

 

Las múltiples voces reunidas en La obstinación de la escritura recorren, desde la poesía argentina y latinoamericana hasta el pensamiento contemporáneo, una delicada trama de escrituras guardianas de lo invisible, lo indecible, lo ilegible; un entramado de escrituras que cuidan lo que parece no tener lugar, que abrigan las voces de nadie. Escrituras donde lo monstruoso y heterogéneo se encuentran en una insubstancial comunidad, infinitos lazos abiertos a lo que aún no ha tenido lugar; escrituras donde el tiempo habita una permanencia en la que el pasado, el presente y el futuro se vinculan en un movimiento líquido, donde las palabras están en el mundo como el agua en el agua. Insistencias, resonancias y figuraciones que traman un mundo donde quepan infinitos mundos. Voces múltiples de escrituras múltiples que escriben “in media res”, en medio de lo ya dicho y lo por decirse.

La potencia de estas escrituras materializa la lengua convirtiendo la escritura en una mano y la palabra en un dedo que toca el cuerpo del poema, habita la piedra, da voz al fragmento y oído a los restos. La fuerza de estas escrituras repite lo irrepetible, dando cuenta del movimiento del deseo hacia la imposibilidad de la captura; escrituras que dan lugar a lo que no tiene lugar, que escriben la inmediatez de la voz materializando lo negado en el hombre, que escriben el instante que no vuelve, que vuelve en su retiro. Escrituras del acontecimiento que se repite en otro tiempo, el tiempo de la audición, de la lectura. La escucha.

Los textos de La obstinación de la escritura indagan la posibilidad de un borde, un umbral que es un desvío en el que la escritura hace una brecha sobre sí misma. Tal escisión indica un malestar, la incomodidad con la idea de que todos los lugares se dan en el lenguaje. En definitiva, que todo aquello que tenga lugar, que haya sido, que acontece o pueda acontecer esté delimitado por el sentido. Se tratará, entonces, de recorrer un borde donde la palabra es sustraída del lenguaje, en el que tiembla y oscila entre silencios y vacíos, habitando recovecos en un puro, suelto y persistente decir. Se insiste, se escribe, porque (ese cuerpo, esa voz, ese poema) y el lenguaje (la ley de los signos, la gramática, los conceptos) no coinciden, porque “lo que vive” y el lenguaje no coinciden, hay algo que falta, hay algo que resta por lo que toda expresión que intenta esa coincidencia no logra sino agravar el equívoco.

La obstinación de estas escrituras señala un lugar, que no es estrictamente un lugar sino una toma de distancia para dar lugar a una singularidad expuesta pero no explicable. Podríamos decir, que aquí se insiste en una escritura que camina al lado de la escritura, un andar que no es un progreso ni una acumulación de experiencias sino un nuevo comienzo cada vez. Tal vez un instante en el que la materialidad de la lengua es un antes que las palabras, en el que se hace presente la ausencia, la potencia de la impotencia. Resonancias y figuraciones de lo ex-crito, un exilio del lenguaje donde se palpa la condición extranjera constitutiva de toda escritura y al mismo tiempo se habita el desconocimiento, la intemperie, un no saber que abre infinitas otras escrituras. El deseo de escribir como un salto que la potencia de la impotencia dirige desbordando a codazos los excesos del sentido. Una escritura que hace hablar a la piedra y la escucha.

Me atrevo a decir que hay algo dislocador en las indagaciones de La obstinación de la escritura, en el sentido de que se proponen subvertir la lógica dada entre la cosa y la cosa escrita, deshabitando los espacios típicos de las dicotomías habitando la borradura que muestra que toda escritura habla callando. Que hable lo humano en lo animal, que hablen los cuerpos ausentes de voz, que hable el fantasma, que aparezca el habla anfibia negada desde siempre, que escriba lo primitivo. Visibilizar lo que no tiene lugar ya sea por ausencia o por exceso, que hable lo menor, lo que no es sujeto, que hablen los encuentros, que hablen los restos, que hablen los muertos. Dar lugar a una indigencia de la escritura, donde lo fragmentario no sea fagocitado por los grandes relatos, por el discurso, por la normalización de la lengua. Que escriba la memoria. Suma responsabilidad la de mostrar que no hay cosa más aterradora que algo que funciona, como el lenguaje, ni algo más violento que la dictadura de la lengua.

Libro Múltiple de un andar de múltiples voces. Reflexiones en la escritura sobre sí misma, o mejor, de la escritura consigo misma donde extraviada busca reconocerse sin apoderarse de sí. La obstinación de la escritura deja entrever una comunidad donde escribir es el exilio pero también el camino. Comunidad en la escritura abierta a infinitas escrituras. En definitiva, se escribe, no sabemos bien por qué, algo insiste, no sabemos qué. Tal vez venimos de la voz y Pascal Quignard tenga razón en la sin razón y la insistencia esté dada entonces porque los oídos no tienen párpados.

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