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Espíritus de cambio

En Los nuevos rebeldes (Debate, 2013), Luis Diego Fernández habilita, a partir de la exposición de diversas formas de vida, modos para pensar nuevamente el ejercicio de la libertad.

 

….Los nuevos rebeldes
….Luis Diego Fernández
….Editorial Debate, 2013
….208 páginas

 

 

 

 

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La indagación de Luis Diego Fernández en Los nuevos rebeldes parte de cierta humildad: no se teorizará sobre la libertad en abstracto, sino que se buscarán imágenes particulares que den cuenta de nuevas formas de vida. Hay nuevos juegos de lenguaje, parece decir con Wittgenstein. Y el nudo de moeibus que liga lenguaje y forma de vida puede, por momentos, desatarse un poco. En la independencia personal, en el autodidactismo, en el descreimiento de la religión, y en el libertinismo sexual, por ejemplo, verá el autor esa relajación. Quizás en el sentido de “juego serio” nietzscheano, que se asume con valentía mientras dura, pero que se sabe lejos de cualquier “en sí”. El autor, cual fotógrafo, se encargará en su libro de hacer foco en aquellas formas de vida que, en lugar de oprimir, desaten. No para salir a un afuera imposible, sino para abrir, por un momento, una ventana. Una ventana que da a un jardín propio, donde tal vez sea posible crearse un espacio de libertad. Su libro, por fortuna, no sentenciará la paradoja evidente de dictarnos cómo deberíamos vivir libremente, sino que nos ayudará a ampliar nuestros horizontes hacia un “soñar posible”.

Pero bajo la humildad de meramente retratar esas formas de vida, su trabajo se plantea la ambición, propiamente filosófica, de tratar de explicar una época. No ya el mero retrato de esas experiencias personales, sino de todas ellas como una reformulación de la tradición libertaria, en jóvenes que, incluso sin saberlo, se ubicarán tanto por fuera de las izquierdas tradicionales, como del capitalismo monopólico conservador.

Este “por fuera” no implicará descreer de ciertas de sus herramientas, pues el autor encontrará resurgimientos libertarios en jóvenes menores de cuarenta años, formados, por ejemplo, en la lógica comunitaria de Internet. Formados allí, pero con pretensiones de hackers, los nuevos rebeldes atestarán un golpe fatal contra eso que Aldo Ferrer llamaba “la visión fundamentalista de la globalización”, aquella que afirmaba que todo estaba regido por el mercado, en una vuelta claustrofóbica del poder absoluto con otros nombres.

Los nuevos rebeldes, con un mérito difícil de encontrar, nos motiva a actuar, aunque sin decirnos cómo. Porque si ya no estamos arrojados sin más a un mundo sin alternativas, ya no tenemos excusas para no crear, para no pedir. Somos como esos jóvenes de Mayo del 68, seguimos jóvenes, aunque más maduros. Los jóvenes que recrean la tradición libertaria ya no reclaman con la consigna infantil “queremos todo y lo queremos ya”, ni piden lo imposible, sino lo posible, pero siguen pidiendo, aun con alegría, la libertad de elegir su propia existencia.

Luis Diego Fernández se vuelve, en este libro, un rastreador de espíritus de cambio en la vida cotidiana. Siguiendo a Epicuro, que distinguía cuatro valores para construir una “vida creada”−la autonomía, la belleza, el placer y la comunidad− el autor se encargará de buscar ámbitos donde esos valores se vuelvan palpables. La autonomía en la figura de Jill Love, que se siente sola e incomprendida desde chica y decide ser autodidacta, por ejemplo; la comunidad de Burning man, festival basado en una experimentación comunitaria, “país de las maravillas” donde uno se siente ”Alicia, el conejo, y la madriguera al mismo tiempo”; el placer del amor libre, que se atreve a salir de lo que considera una “vida falsa”, y la belleza de una California que hace la revolución desde sus prácticas de “contestación”, en una suerte de nuevo hedonismo libertario.

Transformación de identidades, en todos los casos; pulsión del camino, del cambio. Un cambio que tal vez se limite, como dijera Borges sobre la historia, a ser la diversa entonación de algunas metáforas. Afortunadamente, “amor” y “libertad” se entonan con alegría, y aun con cierta esperanza, en esta obra. Acaso su propia rebeldía esté en esa entonación, y en la firme creencia de que todavía es posible, en cierto modo, la libertad.

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